viernes, 6 de marzo de 2015

Mi Destino 19


Sin más preámbulos, el capítulo que han demandado.
Besos y espero sus comentarios.
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Capítulo 19
Podrás imaginarte desde afuera,
Ser un mexicano cruzando la frontera
Pensando en tu familia mientras que pasas
Dejando todo lo que conoces atrás
Si tuvieras tú que esquivar las balas
De unos cuantos gringos rancheros
Les seguirás diciendo good for nothing wetback?
Si tuvieras tú que empezar de cero
Now why don't you look down
To where your feet is planted
That U.S. soil that makes you take shit for granted
If not for Santa Ana, just to let you know
That where your feet are planted would be México
Correcto!
Frijolero / Molotov

GARRETT POV
Mi Isabella… Cómo definir lo que me hace sentir el vínculo que compartimos? Decir que por fin me siento conforme con mi vida no es suficiente….
No, porque antes de saber de su inminente llegada yo no me sentía carente de metas o compañía.
De hecho yo estaba relativamente contento con mi vida nómade, sin ataduras de ningún tipo, sin lazos románticos, sin propiedades y sin hogar.
Sólo el puto de Nixon jodía mi existencia…

Si lo pensaba bien, mi relación con Isabella no llegó a completar una vida vacía, no.
Lo que hizo Isabella fue cambiar el cristal con el que miro el mundo. Me dio metas, me motivó a tratar de ser mejor, abrió mi mente a cosas nuevas dejando de lado los prejuicios, y aumentó mi capacidad de amar hasta el infinito. Es una experiencia espiritual y física que trasciende el sexo (el que de todos modos es por mucho, el mejor de mi vida).
El solo hecho de estar en su presencia me hace bien. Aun cuando ella todavía no me aceptaba, estar en la misma habitación con ella relajaba mi cuerpo y mi mente.
Y a qué va todo esto?
A que ahora si soy verdaderamente un hombre completo.
Por primera vez en mi larga vida soy intensamente feliz.
Claro, antes he estado contento, conforme con lo que me tocó, pero nada semejante al estado de euforia permanente en el que me encuentro ahora.
Mis venas están inundadas de endorfinas, pero lo que me hace feliz también me hace peligroso. No existe nada que no haría o daría por ella. Por su seguridad. Por mantenerla a mi lado.
Soy un soldado y un asesino. Soy capaz de crímenes espantosos… Los que cometí en su momento lo hice porque era lo que había qué hacer, por mi seguridad o mi trabajo… Pero por ella? Es realmente simple. No hay límites.    
Y así como ella siente que sus emociones se han magnificado y se han vuelto incontrolables como las de una neófita, yo siento que mi sentido de pertenencia y posesividad anda por las nubes.
Todo es una amenaza potencial, si por mi fuera nada la tocaría y nadie se le acercaría, pero yo tengo más experiencia que ella en controlar los sentimientos vampíricos y contengo mis impulsos para no ahogarla.
Y a pesar de lo sinsentido que puedan parecer sus celos hacia mí y mi pasado, y a que odio verla sufrir y llorar, parte de mí se regocija de saber que le importo, que me ama, y me quiere sólo para ella.
oooOooo
Isabella camina de mi mano por los pasillos del centro comercial y eso es en sí toda una experiencia, sobrecogedora por su sencillez y trascendencia. Es la primera vez que actuamos como una Pareja en público, y disfruto cada instante.
Por alguna razón ella nunca entrelaza todos nuestros dedos como lo hacen muchas parejas de humanos con las que nos cruzamos, sino que le gusta aferrar en su pequeño puño mis dedos índice y medio acariciando el dorso de mi mano con su pulgar, y balancear nuestras manos unidas. Yo cierro el resto de mi mano mucho más grande sobre la suya y queda completamente cubierta.
Isabella recorre el centro comercial mirándolo todo, a veces comenta algo que le llamó la atención y otras veces tararea la música de los parlantes. Una suave sonrisa decora sus labios y emana una sensación de bienestar y contento que me produce un tremendo orgullo. Ella está así por mí. Yo la hago feliz.
Al principio Isabella no quería comprar nada, pero la convencí de comprar ropa de verano,  ya que no tenía más que jeans y unas pocas camisetas de su talla. Finalmente accedió, pero no quiso ir a ninguna tienda de diseñador y yo estuve plenamente de acuerdo. Ella al igual que yo se sentía mejor con un look casual y era eso lo que le conseguiríamos.
Compramos una tonelada de cosas en Banana Republic.
Camisetas, blusas, shorts, jeans, un par de sweaters, zapatillas sport y zapatillas de ballet. Y dos pares de zapatos de taco muy bajo y dos de chinelas de cuero de distintos colores.
Las camisetas eran sueltas, los cuellos y mangas anchos, y los materiales naturales. A mí no me importaba que no destacara tanto sus curvas como con las camisetas ajustadas que usaba a veces, porque yo sabía perfectamente lo que había debajo. Yo era quien removía cada capa que la cubría… Y además claro, los jodidos shorts que se compró eran más cortos que la falda del colegio!
Ella no estaba de acuerdo con el gasto al principio, pero el precio de la ropa era más que razonable y yo argumenté diciendo que entre la ropa que pretendía arrancar de su cuerpo y la que destrozaría como neófita esto le alcanzaría apenas para un par de meses.
Sus ojos se oscurecieron ante en prospecto de que le arrancara la ropa… Mi mujer era insaciable, lo que me hacía pensar que cuando finalmente la convirtiera, yo estaría en serios problemas para llevarle el ritmo.
Luego me pidió que la dejara entrar sola a una gran tienda rosada… Victoria Secret. Era como un emporio del estrógeno, bastante intimidante, y la verdad es que no habría entrado ahí a menos que ella me lo pidiera con su linda boquita haciendo un puchero… Porque es imposible negarme a eso…
Salió a los pocos minutos cargando un par de grandes bolsas de cartón y me devolvió la tarjeta de crédito.
-Isabella, quisiera que ocuparas la tuya… - Le dije guardándola en mi billetera.
-Sólo para emergencias – Respondió poniéndose de puntillas para besar mi mejilla. Me agaché gustoso y cerré los ojos por un segundo al sentir el contacto de sus labios…
Lo que ella quisiera…
Después de eso cruzamos al concesionario de autos que quedaba justo al frente del centro comercial. Era un gran lote con autos de todas las marcas, y tenía un sector de autos usados, donde se podían apreciar un par de clásicos en muy buen estado… Lástima que lo que necesitaba ahora era un todoterreno, tanto para recorrer el país buscando aliados como para llegar a mi casa en el parque nacional.
-Tienes algún modelo en mente? – Le pregunté a Isabella mientras ella miraba en silencio para todos lados, absorbiendo el entorno.
-Nah… Me gustaba el Jeep que tenías – Dijo encogiéndose de hombros.
-Pero esta es la oportunidad de probar algo diferente, un poco más grande… - Dije mirando un Toyota Land Cruiser Cygnus del año de color gris. Tenía dos corridas de asientos traseros desmontables… Lo que podríamos hacer en ese espacio…
-Ese es un auto de mamá, para llevar a los niños al colegio – Dijo arrugando su pequeña naricita – No es cool.
Puf! Otra ilusión que se disuelve… Los asientos traseros ya no me parecían sexi cuando me los imaginaba llenos de niños gritones y pegajosos.
-Nissan XTerra OR-V6? – Pregunté apuntando a uno de color caramelo.
-Puaj! – Dijo negando con la cabeza.
-Puaj qué? – Pregunté.
-Es color diarrea de bebé! – Exclamó en tono de “Dah!”.
-Una camioneta? – Pregunté sin comentar. Esto estaba resultando más difícil de lo que imaginé.
-Yo tengo una… Tenía… - Dijo triste – No, una camioneta no…
-Hey! – Dije acercándola a mí y tomando su mentó entre mis dedos.
-Mmmmh? – Me miró con sus ojos brillantes.
-Te amo – Le dije y le di un suave beso en los labios. Fue apenas un roce, pero infinitamente dulce.
-Te amo – Respondió contra mi boca con los ojos bien cerrados.
-Ejem… - Carraspeó un hombre a pocos metros de distancia. Estaba tan enfocado en Isabella que no lo oí acercarse. Eso no estaba nada bien.
Isabella se alejó sobresaltada y enrojeciendo, como si la hubieran descubierto en malos pasos. No me gustó. Tendría a este tipo en la mira, y si me volvía a cabrear me lo comería.
-Ho… Hola – Murmuró Isabella.
-Dick Sommers, en qué los puedo ayudar?
-Buscamos un cuatro por cuatro de igual o mayor capacidad que un Jeep Wrangler del dos mil cuatro – Le dije.
-Y que no sea del color del contenido de un pañal – Agregó Isabella.
-Okaaay… - Dijo el tipo estudiándonos atentamente como decidiendo si le estábamos hablando en serio – Tienen algo en mente? – Preguntó por fin.
-No realmente – Respondí – Necesitamos una buena tracción y sería ideal si fuera petrolero.
-Tenemos el Dodge Magnum… - Dijo él.
-Muy bajo – Respondí de inmediato.
-Suzuki Samurai? – Preguntó frunciendo el ceño – Es algo más pequeño, pero eficiente…
-Resistente, pero incómodo – Respondí pensando en Isabella.
-A mí me gusta, es lindo – Dijo ella – Es descapotable.
-Es demasiado utilitario, y los amortiguadores son muy duros, no podrías dormir porque sentirías cada piedra del camino – Le expliqué.
-Owww… - Hizo un puchero.
-El Jeep Liberty? – Apuntó Dick.
-Es feo – Dijo Isabella soltando mi mano y comenzando a pasear entre los autos. No me gustó la distancia, pero el vendedor siguió mostrándome distintas alternativas y traté de prestarle atención para poder irnos rápido.
-Garr! Garr! Este! Quiero este! – Gritó Isabella desde el otro lado del lote, donde estaban los autos usados.
-Voy!  - Dije caminando hacia ella con Dick pegado a mis talones. Seguramente ya se había dado cuenta de quién  era la que finalmente decidiría el asunto del auto.
-Mira Garr, éste! – Dijo apuntando a una gran mole de color borgoña.
-Pero Isabella, ese auto debe tener unos veinte años… - Dije. Cualquier mujer saltaría ante la oportunidad de comprar un auto nuevo y moderno, pero ella no… Este era un vehículo tosco y viejo, e Isabella parecía estar enamorada.
-Tiene quince – Respondieron Isabella y Dick al unísono.
-No prefieres algo más moderno? – Pregunté – Algo más fácil de manejar?
-No, quiero este – Dijo ella cruzándose de brazos – Es lindo y alto y resistente y la parte de atrás es amplia como tu querías. Me preguntaste mi opinión, y quiero este, y si no, compra el que más te guste a ti y a mí me regalas una moto. Siempre he querido aprender a andar en moto.
-Es una buena elección señor – Dijo el vendedor suavemente – Es una Chevrolet K5 Blazer del año 1990, y está en perfecto estado, conserva sus piezas originales pero se le cambiaron los neumáticos y se le retapizó el interior.
-Moto sobre mi cadáver – Afirmé decidido - Garantía? – Suspiré acercando a Isabella a mi cuerpo. Ella me rodeó con sus brazos y me dio lo mismo si compraba un montón de chatarra tirada por bueyes. Ella tendría lo que se le  antojara.
-La estándar para autos usados – Dijo el tipo – Pero puede optar a un seguro adicional…
Una hora después salíamos de la compraventa en mi nuevo auto viejo.
E Isabella lo bautizó “Larry”.
oooOooo
-Este no es el camino al internado – Dijo Isabella.
-No, no lo es – Concordé.
-Dónde vamos? Tienes que comprar algo más? – Preguntó.
-No, es solo que decidí que no quiero devolverte todavía – Dije doblando hacia el estacionamiento del “Hampton Inn and Suites Las Cruces”, que era según Trip Advisor, el mejor hotel de la ciudad (lo que no es mucho decir en una ciudad tan pequeña, pero se veía mil veces mejor que la alternativa, un motel).
-Vamos a pasar la noche aquí? – Preguntó con los ojos muy abiertos – Podemos?
-Podemos hacer lo que queramos, Isabella – Le dije tomando su mano y besando sus nudillos – A qué hora es tu primer examen?
-Mañana tengo sólo uno, a las once de la mañana – Respondió.
-Perfecto, mañana a las diez vas a estar de vuelta… Pero ni un minuto antes – Le advertí.
-Garr! – Exclamó abrazándome fuerte – Te he dicho que te amo?
-Sí, pero no me canso de escucharlo – Le dije, y me bajé del auto para abrir su puerta. Entramos al hotel de la mano, y nos dirigimos a Recepción, donde confirmaron mi reservación mientras Isabella vitrineaba en una de las pequeñas boutiques del lobby.
Cuando terminé de firmar el ingreso mi mujer regresó a mi lado, y la recepcionista me dio la llave de nuestra habitación mirando de reojo a Isabella, tal vez calculando su edad y si era lo suficientemente mayor como para dormir con un tipo como yo.
Si sólo supieran…
Al demonio. Ni ella un ninguno de los otros empleados se atrevieron a preguntar y yo no ofrecí información.
Un botones nos acompañó a nuestra habitación (la mejor del hotel, obviamente, yo rara vez rentaba cuartos, pero si lo hacía con mi Pareja no sería nada menos que lo mejor disponible, ella lo merecía todo y más). Le di cincuenta dólares de propina a pesar de que no traíamos equipaje, solo para que se fuera rápido, y antes de entrar a la habitación tomé a Isabella en mis brazos y ella lanzó un gritito de sorpresa y se aferró a mi cuello como si temiera que la fuera a dejar caer.
Cruzamos el umbral y la besé apasionadamente por unos minutos antes de prender la luz. La dejé de pié en el suelo y ella de inmediato se comenzó a desvestir lanzando su ropa al aire hasta quedar solo en bragas. Lo hizo tan rápido y me dejó tan embelesado con su belleza que no alcancé a más que a sacarme la camiseta cuando se lanzó a mis brazos de nuevo, de un salto se colgó de mi cuello y me abrazó con las piernas. Un poco a ciegas y tambaleante nos dirigí a la cama y la lancé al colchón, me saqué el resto de mi ropa en un par de segundos, me subí a la cama y gateé hacia ella.
Su mirada era puro fuego, su respiración estaba agitada, su cabello desordenado y sus mejillas sonrojadas. Perfecta.
La tomé de los tobillos y la arrastré hacia mí haciéndola reír, y la cubrí con mi cuerpo completamente. Era tan pequeña, su cuerpo tan suave…
Le hice el amor lentamente, disfrutándola, grabando en mi memoria cada instante. No fue el frenesí de la noche anterior, fue una reafirmación de nuestro lazo, un paso más hacia la eternidad.
oooOooo
Mientras Isabella estaba en el baño llamé a Peter para avisarle que mi mujer pasaría la noche conmigo y luego llamé al internado para dar el mismo mensaje, pero editado. No les gustó y me dijeron que iba contra el reglamento sacar a una de las alumnas en noche de escuela, especialmente en la semana de los exámenes, pero me importó un rábano la opinión de quién fuera que contestó el teléfono. Isabella era mía y no la devolvería hasta que fuera estrictamente necesario.
oooOooo
-Haaaaaambre! – Exclamó Isabella revolviéndose en mis brazos.
-Tan pronto? – Pregunté asombrado.
-Me desgastas, tengo que reponerme – Dijo  besando mi mejilla – Puedo pedir servicio a la habitación?
-Por supuesto que puedes – Respondí extendiendo mi brazo para tomar el menú del cajón del velador – Qué quieres comer?
-Huevos con jamón y tostadas con mantequilla y té Earl Grey – Respondió de inmediato. Bueno, al menos no necesitaríamos el menú.
-No se supone que esa es comida de desayuno? – Pregunté confundido.
-Si, pero hoy no desayuné, así es que está bien… - Respondió encogiendo los hombros.
-Algo más? – Pregunté levantándome para alcanzar el teléfono.
-Me gusta tu trasero – Dijo casi tímidamente.
-Y yo adoro el tuyo – Respondí besándola otra vez antes de llamar a recepción.
oooOooo
-Tienes sueño? – Pregunté cuando ella terminó de comer.
-No, he dormido bastante – Dijo ella – Y voy a dormir cuando no esté contigo… No quiero perder tiempo que podemos pasar juntos.
-Cuando duermes estamos juntos, yo nunca dejo tu lado – Respondí.
-No es lo mismo… No puedo esperar el momento en el que no tengamos que separarnos más, ni siquiera para dormir.
-Yo también espero ese momento, pero debo confesar que me gustas así tal cual, humana… No tener que separarnos será maravilloso, pero admito que soy feliz con como están las cosas… Bueno, excepto por todo ese asunto con la pelirroja – Dije.
-No hablemos de eso ahora, nos va a poner de mal humor… Este hotel tiene piscina? – Preguntó.
-Más les vale tener, es el mejor hotel de la ciudad – Respondí – Quieres ir a nadar? Ahora?
-Si… Podemos? Todavía hace calor… - Pidió estirando el labio inferior.
-Pero va a llover pronto – Le dije. Todo el día había estado nublado, pero la presión atmosférica estaba cambiando rápido, lo sentía claramente en cada terminal nervioso de mi piel.
-No importa, si estamos en la piscina no es como si nos fuéramos a mojar más si es que llueve, verdad? – Rió ella. Cómo discutir? Y para qué querría discutir?
-No tenemos trajes de baño – Acoté.
-En recepción hay una tienda de ropa, seguro tienen trajes de baño ahí. Llama para preguntar y aprovecha de pedir toallas grandes – Me dijo.
-Algo más? – Pregunté levantando una ceja ante su tono mandón. Isabella me divertía.
-Y quiero tres besos – Dijo sin vacilar en un tono imperioso que no admitía discusión.
-Sólo tres? – Pregunté.
-Tres por ahora – Rectificó.
-Donde quieres tus besos? – Le pregunté tomándola de la cintura y acercándola a mí. Ella rodeó mi cadera con su pierna y nuestros cuerpos quedaron completamente pegados, mi semipermanente erección contra su ombligo.
-Uno pequeño aquí – Dijo apuntando el punto bajo el lóbulo de su oreja derecha.
-Sólo uno pequeño? – Pregunté con ms labios contra su cálida piel.
-Sí – Dijo – Uno pequeñito.
Le di un beso apenas rozando su piel, pero no moví mi boca de ese punto. Sabía que era una zona erógena y mi respiración helada le producía escalofríos.
-Ahora? – Pregunté.
-Ahora uno mediano aquí – Indicó apuntando el centro de su clavícula.
Arrastré mis labios por la columna de su cuello pasando por su punto de pulso y me maravillé al notar que no tenía que contenerme para no morderla. Sencillamente su sangre no tenía ningún atractivo para mí. No dudaba que fuera dulce, exquisita, pero no valía su costo.
Le di un beso húmedo y juguetón en el lugar exacto que me señaló y quedé a la espera de sus instrucciones.
-Y ahora uno grande aquí – Dijo apuntando sus labios. Me abalancé sobre ella rodándola para que quedara de espaldas y la besé con toda mi pasión. Cuando terminó el beso ambos emergimos jadeantes y sonrientes. No es que yo necesite respirar, pero es un reflejo involuntario el que se me acelere la respiración cuando la beso.
-Y ahora? – Pregunté.
-Y ahora llamas a recepción – Me dijo dándome una juguetona palmada en el trasero.
oooOooo
-Estás segura de que es una buena idea? – Pregunté – Dicen que no hay que nadar hasta pasada una hora después de comer…
-Tu dejarías que me ahogue? – Respondió. Yo fruncí el ceño de inmediato y ella continuó – Ves? Estoy en buenas manos. Además no me voy a meter a la parte más honda, sólo quiero chapotear un poco… - Dijo quitándose la bata del hotel para quedar en un minúsculo bikini strapless a rayas de colores morado, naranjo y amarillo. Se veía hermosa, sexi y provocativa… Y lo odié.
-Está bien, pero nada de piqueros, y nada de saltar del trampolín – Le dije.
-Ya, deja de preocuparte, que te vas a arrugar – Dijo girándose para abrazarme y deslizar mi bata por mis hombros. Atrás de ella, del otro lado de la piscina, dos chicos que limpiaban el lugar tenían la vista fija en el trasero de mi Isabella. Lo cubrí con mis manos gruñendo, y aunque ellos no me escucharon, vieron mi mirada e instintivamente supieron que no era sabio meterse conmigo. Se dispersaron y siguieron trabajando con la vista baja.
-Por qué me gruñes? – Preguntó ella mirándome a los ojos.
-No te gruño a ti, sino a ese par de bastardos que tenían la mirada fija en tu culito – Dije apretándolo.
-No me agarres el trasero en público! – Exclamó tratando de alejarse – Pensé que estábamos solos!
-Mía Isabella, dilo – Exigí sin soltarla.
-Tuya! Tuya, lo sabes, tuya y de nadie más! Ahora suéltame, que estamos dando un espectáculo! – Susurró como si la hubieran descubierto haciendo algo muy malo.
-Tu culito sólo lo veo yo – Dije y tomándola en mis brazos me lancé a la piscina para que el agua cubriera su cuerpo.
Nadamos y jugamos un buen rato, ella sentía particular placer el salpicarme y chapotear patosamente, pero mi parte favorita era cuando rodeaba mi cintura con sus piernas y mi cuello con sus brazos y me besaba con abandono. El agua enfriaba su cuerpo dándome una idea de lo que se sentiría al besarla cuando por fin fuera como yo.
Ya era tarde cuando subimos a la habitación, y nos dimos una corta ducha para quitarnos el cloro de la piel, la sequé cuidadosamente y la metí en la cama, apagué la luz y la abracé. Ella me besó una última vez y se quedó dormida, completamente agotada por el largo día que habíamos tenido.
oooOooo
-Gaaaaaarr – Se quejó Isabella poniéndose mis lentes de sol – Tengo hambre! Por qué no me dejaste desayunar en el hotel? Es gratis! No quiero ir al colegio a dar mi examen hambrienta, al menos cómprame una barra de Snikers o algo…
-Isabella, cuando te he hecho pasar hambre? – Le sonreí indulgente ante su mal humor matutino.
-Muchas veces! – Exclamó.
-Sólo por esa calumnia debería llevarte derecho al internado a dar tu examen – La amenacé.
-A dónde me ibas a llevar? – Saltó en su asiento - A dónde? A dónde?
-A IHOP – Respondí.
-A la “Internacional House of Pancakes? – Preguntó – A ese IHOP?
-Existe otro? – Pregunté.
-No sabía que lo conocieras… Tú no comes – Respondió.
-Pero veo tele – Le dije.
-Mmmmmm… Me encanta IHOP… - Se relamió.
-Sabes qué vas a pedir? – Pregunté – Anda pensándolo para que no perdamos tiempo decidiendo…
-Si sé. Quiero el desayuno “Super Rooty Tooty Fresh ´N Fruity” – Respondió de inmediato.
-Quiero saber lo que es eso? – Pregunté – Suena tóxico.
-Suena maravillooooso – Respondió – Es un desayuno consistente en un plato con dos huevos fritos, tres salchichas, tres rebanadas de tocino y dos hash browns. Además incluye un plato con dos panqueques bien gorditos bañados en salsa de frutilla y frutillas frescas y un moño de crema y todo el café que puedas beber.
-Será buena idea que comas todo eso antes de dar tu examen? – Pregunté preocupado – No te irás a enfermar?
-Es comida para el cerebro – Respondió tranquila inclinándose para morder mi oreja.
Y con eso mi concentración se enfocó en sus caricias y en no ensartarnos con un árbol a medio camino.
Con ella no podía ganar.
oooOooo
Isabella pidió su desayuno “Super Rooty Tooty Fresh ´N Fruity” y sorprendentemente se lo comió todo… Incluso pidió un vaso de jugo de naranja recién exprimido y unas cuantas bolsas de mescla de panqueques para preparar a sus amigos durante las vacaciones.
oooOooo
Me detuve en la entrada del internado y llamé a Charlotte para que bajara a ayudar con las bolsas.
Isabella rompió a llorar.
-No me dejes… - Hipó – No me dejes… Te necesito… Me duele cuando no estás… Me duele mucho Garr… Por favor.
-Isabella… Isabella, no llores… - Le rogué con un nudo en la garganta. Un hombre como yo, que ha visto y hecho tanto como yo, no llora.
Al menos eso creí.
Las lágrimas no se deslizaron por mis mejillas, pero mis ojos ardieron con enorme intensidad, y al abrazarla para confortarla sentí que me ahogaba.
-No quiero… No quiero… - Dijo contra mi pecho – Garr sácame de aquí… Ya no puedo más…Soy feliz contigo, puedo terminar el colegio por correo o internet, o no terminarlo, a quién le importa si no termino la secundaria?
-A ti te importa – Le dije besando su cabello - Voy a estar en contacto, y no me voy más que por un par de días, ya vas a ver que todo va a estar bien… No me puedo alejar de ti Isabella, Te amo.
-Te amo… - Suspiró.
-Te amo – Repetí con un susurro.
-Te amo – Susurró ella.
TOC, TOC, TOC.
Sonaron golpes en la ventana.
-Yo también los amo! – Dijo Charotte con la nariz pegada al cristal de mi puerta.
-Mierda! – Exclamé sobresaltado. No debí dejarme sorprender, lo que demostraba lo alterado que me encontraba.
Isabella me abrazó con todas sus fuerzas y me besó suavemente en los labios. Un beso salado y mojado por sus lágrimas. Las que si bien cayeron de sus ojos, nos pertenecían a los dos.
oooOooo
Me encontré con Peter afuera del campus, subió al auto y me señaló que me moviera. Él manejaría.
No me opuse.
Me habían comenzado los dolores de la separación, que cada vez eran más inmediatos y violentos, y no quise imaginar lo que estaría sufriendo mi Isabella.
Esta situación era insostenible.
-Vamos a tener que cambiar los planes – Dijo Peter.
-Hay noticias? – Pregunté con los dientes apretados.
-No, es solo que por lo que veo, si te alejo mucho de la pequeña Isabella alguno de los dos o ambos pueden resultar heridos – Dijo suavemente.
-Entonces? – Pregunté.
-Entonces no sé, visitemos a los que nos queden cerca, a menos de un día de camino, y de ese modo podemos regresar pronto en caso de ser necesario – Respondió.
-Supongo que es todo lo que podemos hacer por ahora… - Admití – Y con respecto a las vacaciones, ya tienes una idea de adónde vamos a llevar a las chicas y sus amigas?
-Sep, vamos a una casa que queda en la punta más alejada de la carretera del Lago Elephant Butte.
-Eso queda muy cerca, es seguro? – Pregunté.
-Una vez que hayamos limpiado la casa, si – Respondió.
-Qué tiene la casa? Está abandonada? – Pregunté - La arrendaste? La compraste?
-La casa está en buenas condiciones, está ocupada por una familia y nos la vamos a robar – Dijo con toda calma.
-No vamos a robar la casa… Vamos a matar a la familia que vive ahí? Peter, tú sabes que yo no… No puedo… Ahora que estoy con Isabella no veo a los humanos de la misma manera –Dije incómodo. Peter me había visto hacer todo tipo de atrocidades y me daba vergüenza que pensara que me estaba convirtiendo en un blandengue.
-Cuando hablo de familia hablo de una mafia –                Aclaró – Esta familia se dedica al tráfico de ilegales por “El Paso”, Texas, y cuando van a mitad del cruce por el desierto aumentan sus tarifas. A los que no pueden pagar los matan o los abandonan a su suerte, lo que viene a ser lo mismo… Dejan atrás a mujeres embarazadas y ancianos porque retrasan al grupo y violan a madres frente a sus hijos… Todas unas joyas.
-Y esos bastardos viven una casa junto al lago? – Pregunté interesado
-La plana mayor si, los que dirigen la operación completa, que incluye tráfico de ilegales, drogas, trata de blancas y extorsión. Pero hoy estamos de suerte porque hay una reunión de toda la banda, así es que podemos eliminarlos a todos de una vez. Los matamos, los enterramos, escondemos las armas y artículos sospechosos y listo, casa de veraneo! – Exclamó Peter.
-Suena bien – Le dije – Cómo se te ocurrió?
-Esta mañana cuando volvía de cazar junto a Charlotte, pasamos junto a un kiosco que mostraba un diario en el que salía en primera plana la noticia del descubrimiento de varias fosas comunes cerca de “El Paso”. No le presté demasiada atención hasta que de pronto PAF! Lo vi todo claramente… La solución a todos nuestros problemas. Si matamos a todos los presentes, no va a quedar nadie que sepa de la existencia de la casa del lago, y ese sector está tan poco poblado que nunca hay vampiros en el área, porque no hay qué comer.
-Perfecto… Y si nos apuramos podemos regresar esta noche con las muchachas – Suspiré.
-Exactamente – Afirmó Peter. Después de eso prendió la radio y comenzó a buscar una emisora que le gustara hasta que dio con “Bye, bye, bye” de ´N Sync. No sé por qué le gustaban tanto las “boy bands”, pero había tenido una idea tan buena y conveniente con lo de la casa del lago que me mordí la lengua para no hacer ningún comentario mordaz. Si quería cantar y bailar como Justin Timberlake, ese era su problema.
oooOooo
El asunto en la casa  de la mafia no fue bonito ni agradable. Fue una carnicería a gran escala, y sólo nos alimentamos de unos pocos, a los demás simplemente les rompimos el cuello cuidando no salpicar sangre en las alfombras o en las paredes. Algunas de las balas que nos dispararon rebotaron en nuestra piel y chocaron contra las paredes, lo que nos significaría un trabajo de empastado para disimularlos, pero la gran mayoría serían fáciles de disimular cambiando los cuadros de las paredes de lugar de modo de cubrirlos. Cuando terminamos contamos un total de treinta y ocho cadáveres de hombres y mujeres. No escapó ninguno.
Hicimos una gran fosa común, echamos toda la ropa y artículos personales que encontramos en la casa junto con los cadáveres, los rociamos con el petróleo de la lancha que encontramos en la sala de máquinas, y una vez que estuvieron consumidos e irreconocibles los cubrimos compactando bien la tierra. Luego nos lanzamos al lago con ropa puesta para quitarnos el exceso de sangre y humo y después entramos a la casa para darnos duchas de verdad y buscar en el auto algo limpio que ponernos.
Luego ordenamos y distribuimos las habitaciones en función de nuestros invitados y listo. Casa de veraneo express.
oooOooo
Esa noche cuando Isabella regresó de cenar me encontró tendido en su cama tan largo soy, desnudo y sonriente. Ella lanzó un grito inentendible y se lanzó sobre mí.
El contraste entre la agonía de la separación y el placer infinito que me producía el contacto piel con piel me tenía casi desorientado… Me aferré a ella y la besé, la besé y la besé mientras la desnudaba, y el momento en que la penetré y fuimos uno resultó casi violento en su intensidad.
Cada vez el sentimiento crecía.
Cada vez que me decía que no era posible amarla más descubría que no solo era posible, era inevitable. Nuestra separaciones eran como un tsunami, una ola que se retira sólo para regresar con renovada energía, cada vez más fuerte, más incontrolable, arrasando con todo a su paso.
Estaba claro que no la podría dejar… Un vampiro no se separa de su Pareja. Así de sencillo.
Y si lo hace, es cuando ambos han aprendido a ser autosuficientes y pueden tener la certeza de que el otro está a salvo y contento. Nada de eso era nuestro caso, así es que ya había sido suficiente…
No más súper-macho que se cree inmune a todo. Era más que evidente que Isabella era mi debilidad, una herida sangrante en mi pecho, y peor aún, yo era la suya.
Mi mujer se quedó dormida sobre mí conmigo aún en su interior. La acuné y permanecí en esa posición por horas, procurando que descansara lo más posible a pesar de la incomodidad de un lecho de roca… Pero cuando finalmente la moví para que reposara sobre el colchón, se despertó gruñendo y volvió a trepar sobre mi sin ni abrir los ojos.
Ella me necesitaba.
Ella también me necesitaba.
oooOooo
El martes me levanté temprano y besándola apasionadamente me despedí prometiendo regresar por la noche. Ella me abrazó y escondió su carita en mi cuello, me olisqueó, mordió el lóbulo de mi oreja y me pidió que le trajera un recuerdo del lugar que visitara.
Me reuní con Peter junto a  “Larry” y nuevamente Pete manejó.
-A dónde vamos ahora? – Pregunté pasados unos diez kilómetros.
-A Buenaventura – Respondió.
-México? Texas? Florida? California? – Pregunté.
-México – Respondió.
-Qué tan lejos estamos? - Pregunté tratando de sacar cuentas de las distancias. No recordaba…
-Unos trescientos sesenta kilómetros… Pero vamos a ahorrar tiempo una vez que hayamos atravesado el Paso Internacional. Igual calculo al menos unas cuatro horas de viaje…
-Y a quién vamos a ver? – Pregunté.
-Oh, esto te va a encantar – Dijo con una sonrisa – Vamos a ver a los Meléndez.
-A los Meléndez… Los Meléndez de María? Esos Meléndez? – Pregunté inmediatamente alerta.
-Ellos no son de María – Dijo quitándole importancia – No más que tú o yo.
-Mierda Peter… Tú sabes cuál es mi problema con ese clan…
-Piedad – Respondió él de inmediato.
-Piedad – Asentí.
-No creo que siga enojada, han pasado más de cien años – Dijo sin poder contener su sonrisa.
-Mierda! Y no puedes ir tú solo? – Pregunté.
-Nop, yo les caigo bien, pero a ti te respetan – Respondió – Acuérdate de que yo era sólo un soldado más, en cambio tú eras un mercenario a cargo de cuadrillas enteras… Rangos muy diferentes.
-Y era por ese rango que zorras como Piedad se me metían a la cama – Acoté – Una vez hasta me encontré a Margarita y Aurora desnudas en mi habitación…
-Ah… Las gemelas – Suspiró Peter – Y qué pasó? Te las cogiste? – Preguntó interesado.
-Me habría encantado, pero lamentablemente ese día Piedad entró conmigo… Fue una pelea monumental, por suerte nadie me pudo culpar a mí, porque yo no sabía nada de la “sorpresa” que me tenían preparada las gemelas – Me carcajeé.
-Bueno, ya veo que esta va a ser al menos una reunión interesante – Dijo Peter manipulando la radio. Se detuvo cuando encontró la versión de “We will rock you” de Five.
-Pete, entiendo los placeres culpables, y vale, el tuyo son las “boy bands”, pero tienes que escuchar a Five? Hay mejores opciones… Y sobre todo, escuchar como destrozan esta canción? Estamos hablando de Queen, Peter. Queen! – Exclamé.
-…How about little something to get you in the mood
Know what I mean?
Watch your back, we got Queen on this track
Bring the feedback, and let it drop
As long as Five bring the funk
Queen bring the rock
And it don't stop…
- Respondió rapeando.
Cuando Se ponía así no se podía hablar con él.
 -Cállate y maneja - Le dije abriendo la ventana un par de centímetros. Apoyé la frente en el vidrio y me preparé para largas horas de tortura musical.
oooOooo
Cuando llegamos a la casa de los Meléndez todos nos salieron a recibir. No es que hubiéramos anunciado nuestra visita, sino que podían escuchar nuestro motor desde el momento en que nos desviamos de la carretera para tomar el camino de tierra que nos dirigió a su pequeño rancho ubicado en las afueras de la ciudad, muy cerca de la civilización, pero lo suficientemente privado como para evitar vecinos curiosos.
Lado a lado estaban las gemelas Margarita y Aurora, convertidas a los diecinueve años. A su lado estaba Piedad, convertida a los veintitrés, Ana, convertida a los veintiocho, Pepe, convertido a los catorce, Andrés, convertido a los veinte y Sergio, el esposo de Ana y patriarca de la familia, convertido a los veinticinco.
-Peter? Garrett? – Preguntó Ana cuando nos bajamos del auto lo más casual y tranquilamente posible. Los hombres, incluido Pepe estaban posicionados frente a las mujeres en actitud protectora y agresiva. No era nada personal, era simplemente instinto.
-Hola Anita, que gusto verte – Le dijo Peter acercándose y besando sus dos mejillas.
-Garrett? – Susurró Piedad.
-Hola Piedad – Le dije, y si hubiera podido enrojecer lo habría hecho.
-Bueno, bienvenidos – Dijo Sergio sonriendo y relajando su actitud – Qué los trae por aquí? – Preguntó mientras estrechaba mi mano.
-Tenemos problemas – Dijo Peter – Y Frank y Roger de Las Vegas nos dijeron que tal vez ustedes nos pueden ayudar…
-Frank y Roger! – Exclamó Ana – Cómo están? – Preguntó mientras nos hacían pasar a la casa.
-Bien, tienen un nuevo show y una lista de espera de meses – Respondí.
-Bueno, los escuchamos – Dijo Sergio apuntando un sofá cuando entramos al living de la acogedora casa ranchera de madera y ladrillos de terracota.
Me senté y antes de que se sentara Peter se me instaló Piedad tan apretada que quedó casi encima de mis piernas.
Yo traté de poder algo de espacio entre nosotros, pero ella no quiso entender la indirecta, y yo no podía ser grosero antes de pedir su ayuda… Así es que la soporté rozándome con cada movimiento, aleteando las pestañas y humedeciendo los labios. Todo lo que en algún momento me pareció atractivo ahora me resultaba completamente indiferente. Tal vez incluso un poco patético.
-Bueno… – Dijo Peter regalando su sonrisa más encantadora – Todo partió hace como treinta años… - Él no tenía problema, porque todos sabían que estaba Emparejado y que Char peleaba tan bien como cualquier soldado curtido en batalla, por lo que coquetearle a su hombre sería un suicidio. Qué haría Isabella si viera a Piedad restregándose a mí, con sus ojos grandes, su piel perfecta, su cabello largo y sus pechos tratando de escapar de su ajustada blusa?
No es que me produjera nada, pero había que admitir que la chica tenía lo suyo.
Peter contó un resumen bastante acotado de nuestra historia, y para cuando terminó Piedad ya no estaba tan contenta.
-Me vas a decir que te Emparejaste? – Chilló – Con una humana?
-Es bonita? – Preguntó Pepe. Él era en rigor el mayor en edad, pero también el que fue convertido más joven, y se había acostumbrado a actuar como un adolescente, por lo que su pregunta no me extrañó.
-Preciosa – Respondí con lo que seguro fue una sonrisa bobalicona.
-Awwwwwww – Dijeron las gemelas haciendo un puchero. Piedad las fulminó con la mirada.
-De verdad? – Preguntó Pepe a Peter.
-Bella es muy bonita, más si consideramos que aún es humana – Dijo Peter – Va a hacer una fantástica vampira.
-Qué quieren de nosotros? – Preguntó Andrés directo al grano. Siempre tuve la impresión de que sus sentimientos por Piedad eran más que fraternales, pero ella nunca demostró interés por él.
 -Su ayuda – Dije de inmediato – La que nos quieran prestar.
-Bueno… Ha habido rumores… - Dijo Ana mirando a Sergio.
-Sobre Victoria? – Pregunté.
-Oh no, a ella no la conocemos – Dijo Ana con una sonrisa – Sobre María!
-Qué hay con esa perra? Aún se mantienen en contacto con ella? – Pregunté.
-No, claro que no! Después de que ustedes abandonaron el campamento con El Mayor las cosas se pusieron aún más duras, porque María trató por todos los medios de reafirmar su poder. Muchos tratamos de escapar. Unos pocos lo logramos y muchos perecieron en el intento. María usó a los renegados para advertir a los que se quedaron sobre las consecuencias de una traición, pero las torturas fueron tan horribles que sólo logró convencer a los indecisos de que el fin se acercaba.
-Pasamos varios años como nómades en Sudamérica – Dijo Pepe – Pero hace un tiempo nos atrevimos a asentarnos en este lugar y tratamos de vivir en paz, siempre atentos a cualquier movimiento de María… Al final nos dimos cuenta de que en el mundo moderno las guerras vampíricas a gran escala no tienen cabida, los Volturi las acaban antes de que comiencen, así es que María tiene problemas más grandes que un enorme grupo de desertores de los que preocuparse.
-Pero dices que tienen noticias que nos pueden afectar? – Pregunté.
-María nunca los perdonó a ti ni a Peter por llevarse Al Mayor con ustedes. Él era la piedra angular de su ejército y sin él fue perdiendo el control de las masas, tú sabes que María no tiene ningún poder… – Dijo Ana.
-…Lo que escuchamos es que María lleva años planeando el regreso del Mayor a sus filas – Dijo Sergio – Por las buenas o por las malas.
-Y al parecer hace poco se enteró de que ahora él vive en una comunidad de vegetarianos y se hace llamar “Jasper” – Agregó Pepe.
-Nadie creyó que una cosa así fuera posible… Hasta ahora – Dijo Andrés.
-Entonces María no sabe que Jasper dejó a los Cullen? – Pregunté.
-No, apenas se acaba de enterar de que vive con ellos – Dijo Sergio – Se dice que una mujer con acento europeo pidió reunirse con María para formar una alianza. Nadie sabe lo que se dijo en la reunión, pero al parecer María regresó muy excitada, haciendo planes y movilizando tropas. Tal vez tiene que ver con lo que ustedes buscan…
-Si la pelirroja le ofreció a María devolverle al Mayor a cambio de su ayuda para matar a los vegetarianos y vengar a su novio, estoy segura de que María se aferró a esa posibilidad con uñas y dientes.
-Quién les contó todo esto? – Preguntó Peter.
-Bastián – Dijo Piedad en un tono que me indicó que había sido ella quién había obtenido la información.
-Aún sigue con esa perra el pequeño chismoso? – Se carcajeó Peter.
-Ha ido ascendiendo en las filas – Dijo Piedad, defensiva.
-Bueno, no le habrá sido tan difícil cuando en vez de subir por sus méritos subió por descarte – Comenté. Peter me dio un codazo en las costillas.
-Bueno, no saben lo agradecidos que estamos con esta información – Dijo Peter – Les rogamos que si saben algo más en lo que respecta a María o a la pelirroja nos lo hagan saber… Y que no comenten la nueva situación del Mayor.
-Seguro Peter – Dijo Ana – Somos compañeros de armas, ese es un vínculo que no se olvida.
-No te podemos asegurar de que llegado el caso participaremos en una pelea, debo pensar en mi familia, pero si podemos pasarles información lo haremos felices de ayudar – Dijo Sergio.
-Suerte – Dijeron las gemelas al unísono.
-Estás seguro de que no te puedes quedar? Aunque sea una noche? – Me preguntó Piedad.
-Estoy seguro, mi Pareja me está esperando – Respondí con una sonrisa forzada.
-Si hay que pelear voy a pelear con ustedes – Afirmó Andrés de pronto.
-Y yo! – Exclamó Pepe.
-Pepe no! – Dijo Ana.
-Pepe sí! – Dijo Pepe.
-Gracias Andrés, Pepe, pero no creo que la cosa llegue a un enfrentamiento físico… - Dijo Peter.
-Los Volturi lo detendrían antes de comenzar – Agregué.
-A menos que les convenga una pelea prohibida – Dijo Sergio.
-Una pelea en la que puedan optar por perdonar la vida de algunos… Aquellos con dones que les parezcan atractivos… - Dijo Ana.
-Gente como Peter y tú – Susurró Piedad en mi oído apretando mi mano.
Un escalofrío me recorrió. No por la cercanía de Piedad sino por la idea de ser parte de la Corte Volturi, cambiando la muerte por una cadena perpetua.
oooOooo
Esa tarde llegamos relativamente temprano al internado. Pasamos a comprar algo de comida tailandesa para Isabella, que me había comentado que era una de sus favoritas, y corrimos por el campus a velocidad vampírica.
Nos separamos al ver la torre y yo trepé para entrar por la ventana de la habitación de Isabella, la que afortunadamente estaba abierta.
Mi mujer estaba recostada sobre su estómago con los tobillos cruzados en el aire, leyendo un gran libro de aspecto aburrido y vistiendo sólo una de mis camisetas. Nada más. No calcetines, corpiño o bragas… Perfecta.
Su cabello estaba tomado en una cola de caballo alta y desordenada y varios mechones caían sobre su rostro Además estaba masticando chicle de color morado y haciendo enormes globos que aspiraba antes de que se reventaran. En la radio sonaba Regina Spektor.
-Espero que no hayas ido a clases luciendo así – Comenté.
-Garr! – Chilló en una frecuencia que sólo los perros deberían poder descifrar.
-Shhhhhhhhhhh! – Dije en su oído abrazándola – Te dije que volvería, verdad?
-Sí… Y aquí estás… - Dijo apretándome con todas sus fuerzas.
-Te traje algo… Qué mano eliges? – Pregunté con las manos en mi espalda.
-La derecha! – Apuntó.
Le extendí una bolsa de papel que contenía una cajita de cartón. Ella la abrió ansiosa y chilló otra vez saltando hacia mis brazos.
-Una catrina! Una catrina de Frida Kahlo! Ooooooh! Me encanta! Adoro el papel maché! Qué lindo Garr, gracias! – Dijo besándome en el cuello y el rostro.
-Me imaginé que te gustaría – Sonreí abrazándola con mi mano libre – Quieres ver tu otra sorpresa?
-Ya sé lo que es – Afirmó sonriente – Lo huelo, me trajiste comida.
-Así es – Asentí – Aquí está la cena – Dije mostrándole la bolsa de papel que traía en mi mano izquierda.
-Thai? Me trajiste comida thai? – Preguntó mirando el interior de la bolsa – Curri rojo! Me encanta el curri rojo! Cómo supiste…?
-Alguna vez lo mencionaste – Respondí felicitándome por mi acierto – Estabas discutiendo con Emmett por qué el curri rojo es tanto mejor que el verde o el amarillo…
-Por supuesto que es mejor que el verde o el amarillo! – Resopló ante lo absurdo de la idea.
-Traje arroz blanco para acompañar y…
-Galletas de camarón y salsa de maní! Oooooooh! Te amo! Te amo! Te amo! Donde la conseguiste? Preguntó – En Las Cruces no hay...
-Aunque no lo creas, en El Paso – Respondí – Ahí hay todo tipo de comida internacional, no solo tacos y burritos como muchos pueden pensar.
-Texas? – Dijo mordiendo una rosada galleta de camarón untada en la dorada salsa de maní. Muchas veces me preguntaba si Isabella comía cosas sólo porque se veían “bonitas”.
-Ajá – Dije montando la comida en el escritorio para que no chorreara su cama, el computador o los libros – Hoy fuimos a México – Le dije.
-Les fue bien? – Pregunté.
-Bien, tenemos nueva información – Le dije. Ella me miró atenta y ansiosa – Tú comes y yo hablo – Negocié. Ella asintió y yo le conté el resumen de lo más relevante de lo conversado. Evité hablar de Piedad o las gemelas, no precisamente porque quisiera ocultar mi pasado, sino porque no veía nada positivo en detallar asuntos superados hace tantos años.
Isabella escuchó y asintió sin dejar de comer, hasta que cuando terminé de hablar me dijo
-Ajá… - Otro bocado de curri - Y con cuál de esas zorras te metiste? Piedad? Aurora? Margarita? Con las tres? – Preguntó.
-Sólo con Piedad, lo juro! – Dije en piloto automático, sin pensar. Maldita sea! Quise azotar mi cabeza contra la pared.
-Ajá – Dijo ella y siguió comiendo.
-Eso es todo? Ajá? – Pregunté.
-Qué quieres que te diga? – Preguntó mirándome con esos ojos, enormes e inocentes… Bueno, o al menos eso parecían…
-No estás… enojada? – Pregunté.
-De que hayas ido a ver a tu ex amante, le hayas pedido ayuda y no me hayas querido contar? – Preguntó – Nooo, por qué me enojaría?
-Estás enojada – Suspiré.
-Estoy comiendo – Afirmó.
-No tienes nada de qué ponerte celosa –Le dije.
-Oh, lo sé. Si el caso fuera al revés sé que tú no te pondrías celoso – Dijo tranquilamente mientras se limpiaba los labios con una de las servilletas de papel que venían en la bolsa.
-Isabella… - Dije sin saber qué decir. Mierda, si ella hubiera ido a ver a un ex amante y me lo hubiera tratado de ocultar… Si le pidiera ayuda a otro…
Lo asesinaría.
-Voy a lavarme los dientes – Dijo saliendo de la habitación antes de que la pudiera alcanzar. Regresó a los pocos minutos limpia y fresca y se metió a la cama.
-Isabella…
-Gracias por la comida, estaba deliciosa – Dijo en tono neutro.
-Lo siento…
-Qué es lo que sientes? – Preguntó volteándose a mirarme, interesada.
-Siento… Siento haber manipulado la información, es solo que no quería pelear…
-Y por qué crees que estoy enojada? Porque tuviste un lío amoroso hace como quinientos años o porque  trataste de mentirme hoy? – Preguntó tapándose hasta la barbilla, y apagó la luz. Por supuesto, yo la podía ver perfectamente gracias al débil resplandor de la luna.
-No… No significó nada… - Dije patéticamente.
-…
-De verdad…
-…
-Isabella?
Ella suspiró.
-Te vas a meter a la cama o qué? – Preguntó acomodando su almohada.
-Pensé que estabas enojada conmigo – Balbuceé.
-Estoy molesta contigo – Afirmó – Pero por qué razón tendría que castigarme a mí misma? Yo no hice nada malo hoy. Te extrañé y te necesito, aunque seas un bastardo mentiroso.
-Lo siento… - Dije sintiéndome aún peor.
-No lo sientas – Dijo ella – Y tampoco me mientas más.
-Lo s…
-Garrett…! – Me interrumpió.
-Puedo meterme a la cama? – Pregunté.
Ella asintió.
Comencé a desnudarme y me di cuenta de que no traía boxers… Andaba comando.
Vacilé.
-Qué pasa ahora? – Preguntó.
-Olvidé mis boxers – Admití.
-Donde? – Preguntó fríamente. Pensaba que me los había quitado durante el día?
-Aquí! – Dije sacándolos de debajo de su cama.
-Oh…
-No debí mentirte – Le dije metiéndome a la cama desnudo y atrayéndola con fuerza hacia mí – Y tú deberías tener un poco de fe en mi. Te amo, y prefiero cortarme  el pene antes de engañarte.
-Y de qué mi sirves sin pito? – Preguntó girándose hacia mí, tratando de refrenar una sonrisa.
-Bueno… - Le dije al oído – Todavía me quedarían las manos – Dije acariciando su costado – Aún me quedarían mis dedos – Dije delineando su ombligo con la yema de mis dedos y descendiendo.
-Oh… - Jadeó cuando mis dedos llegaron a aquel punto entre sus piernas.
-Aún tendría mi lengua – Dije lamiendo la columna de su cuello, y bajando hasta el borde de la camiseta, la que comencé a desgarrar centímetro a centímetro – Aún te podría complacer Isabella. .. Aunque me cortara el “pito”.
-Mmmmmm…
Esa noche le demostré que con o sin pito la podía hacer tocar las estrellas…
Más de una vez.
oooOooo
Peter y yo pasamos tres días más viajando entre el internado y la casa del lago, cubriendo agujeros de bala, pintando lo que había que pintar, reorganizando la distribución para darle un aire más familiar, comprando ropa de cama, toallas, artículos de aseo y comida. Todo para que pareciera una casa normal.
Compramos rollos de pasto de los que se usan en los estadios para poner sobre la zona en la que enterramos los cadáveres de los mafiosos, y creamos un jardín que parecía que llevara años en ese lugar.
Todo estaba listo, por fin.
Vacaciones.
Isabella y yo bañándonos en el lago…
Isabella flotando en una cama inflable sobre el agua, tomando el sol en su pequeño bikini…
Isabella leyendo en una tumbona mientras yo le aplico bloqueador solar…
Mierda! Otras imágenes…
Isabella y sus jodidas amigas que creían que yo era su tío.
Peter y yo viajando para encontrar a la pelirroja antes de que fuera demasiado tarde.
Isabella y Brennan a solas, sin supervisión.
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Y ahí está! Próximo capítulo, cambio de escenario!
Espero les haya gustado y me regalen sus opiniones.
Cariños

A.

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