sábado, 16 de julio de 2011

Condenados 4



Hola! El capítulo pasado tuvo tan buena recepción que decidí postear el siguiente capítulo de inmediato. Como ven, sus comentarios SI TIENEN un efecto en mi inspiración.
Este capítulo es importante porque marca el comienzo de la trama más compleja de la historia.
Ojalá les guste.
Seguiré posteando esta historia de acuerdo a la respuesta que reciba, ya que esta historia es un pequeño extra.
P..D.: En mi blog posteé una foto de la habitación de Bella.
Cariños para todos y que disfruten!

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Capítulo 4
Una eternidad esperé este instante
y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos
ni en balas rasantes que matan...
Ah... come de mi, come de mi carne
ah... entre caníbales
ah... tomate el tiempo en desmenuzarme
ah... entre caníbales
Entre caníbales el dolor es veneno, nena
y no lo sentirás hasta el fin, mientras te muevas lento
y jadees el nombre que mata...
Entre caníbales / Soda Stereo

Marcus POV
He vivido sólo por más de 500 años, desde que mi querida Dídime murió.
Un vampiro viudo es una rareza, considerando que somos inmortales, pero mi Didi fue víctima de una emboscada ideada por los rumanos y sólo pude recuperar sus cenizas, las que conservo en un ánfora en mi habitación hasta el día de hoy.
Desde entonces he tenido parejas ocasionales y miles de relaciones de una sola noche, pero nada que satisfaga mi necesidad de encontrar una compañera… No han sido nada serio, si no simplemente mujeres que han servido para calmar mi activo libido.
Mi don no me hace las cosas más fáciles… al ser capaz de detectar la fortaleza de las relaciones de aquellos que me rodean, me veo constantemente envidiando a los que tienen parejas estables y lazos de amor profundos entre sí. A mí nadie me ama, simplemente me temen y me respetan.
Las únicas personas con quienes puedo contar son mis hermanos, Aro y Cayo.
…oOo…
Esa tarde almorzamos temprano… un grupo de turistas de la tercera edad que Heidi consiguió. La tendríamos que hacer esforzarse un poco más la siguiente vez… ese grupo de ancianos sabía a vitaminas, hormonas y viagra… puaj!
Nos encontrábamos en el salón del trono mis hermanos y yo, discutiendo el asunto de una serie de asesinatos que venían ocurriendo desde hacía un par de meses en el sur de los Estados Unidos y que eran evidentemente de origen vampírico.
Desde hace casi un siglo la formación de ejércitos de neófitos está prohibida, y la sentencia por ese crimen es la muerte, por lo que estábamos evaluando la posibilidad de enviar a un contingente a manejar la situación antes de que ésta se saliera de control.
Deberíamos esperar a que llegara Demetri, nuestro mejor rastreador y enviarlo de regreso a los Estados Unidos enseguida, ya que su tiempo con nosotros estaba llegando a su fin, lamentablemente. Su condena acababa en un par de meses.
Aro y Cayo estaban especulando sobre cómo hacer que Demetri se quedara con nosotros una temporada más, y sobre qué podríamos ofrecerle para interesarlo.
Pero yo sabía que no sería posible… la fidelidad de Demetri hacia nuestro clan estaba limitada exclusivamente a su condena. Una vez que terminara de cumplir su sentencia, probablemente no lo volveríamos a ver nunca más.
Justo cuando estaba por emitir mi opinión, Félix se acercó con un mensaje.
-Maestros, Demetri acaba de llegar de los Estados Unidos y trajo un acompañante. Solicita audiencia cuando antes.
-Bien, bien, que pase -Dijo Aro, siempre ansioso de conocer nuevos vampiros… siempre ansioso de ampliar su colección de superdotados.
Segundos después las puertas del salón se abrieron de par en par para dar paso a Demetri, acompañado por la creatura más deliciosa que he visto jamás.
De estatura media, su cabello castaño caía hasta su cintura rizándose suavemente en las puntas. Su rostro era perfectamente armonioso y su cuerpo tenía todas las curvas necesarias y en los lugares precisos.
Pero a simple vista sólo me pude enfocar en su mano en la de Demetri, aferrándose a él por confort y seguridad.
Quién era esta mujer y a quién tengo que matar para hacerla mía?
Inmediatamente usé mi don para testear el tipo de relación que mantenía con Demetri, pero por alguna razón no pude percibir nada. Es como si no estuvieran ahí.
-Demetri! Bienvenido! –Exclamó Aro –Quién es tu joven amiga? –Preguntó lo que todos queríamos saber. Alec y Félix la estaban cogiendo con la mirada sin vergüenza y Jane estaba a punto de electrocutarla con los ojos… literalmente.
-Maestros –Dijo Demetri haciendo una reverencia –Les presento a Isabella. Ella es la ex novia de Edward Cullen. Ellos terminaron su relación y la abandonaron a su suerte. Al no ser responsable de aquello le ofrecí la oportunidad de ser convertida como debieron hacer los Cullen y ella aceptó.
-Demetri –Dijo Aro fingiendo decepcionarse –Tú sabes que no tienes la autoridad para ofrecer ese tipo de tratos… tendremos que buscar un castigo adecuado para ti.
-Sí maestro –Dijo Demetri sin mostrar emoción. Pero Isabella era una historia completamente distinta…
-No! Es mi culpa! Castíguenme a mí! –Exclamó –Yo le rogué a Demetri que me convirtiera, siempre he querido ser vampiro y Demetri ha hecho un excelente trabajo enseñándome a comportarme…
-Evidentemente no te enseñó respeto –La interrumpió Cayo –Acaso no sabes quienes somos? –Preguntó haciéndole una seña a Jane, quién se concentró en ella entrecerrando los ojos… y no pasó nada.
Frustrada, Jane dirigió su ataque a Demetri, quién cayó de rodillas en agonía.
-Noooo! –Gritó Isabella y un potente rayo de luz azul se proyectó hacia Jane empujándola y aprisionándola contra el muro de roca. Demetri se puso de pié inmediatamente y rodeó con sus brazos a Isabella tratando de clamarla… Y a pesar de todos mis esfuerzos aún no pude determinar su relación.
-Maravilloso! –Exclamó Aro, extasiado ante el descubrimiento de los poderes de Isabella. Yo sonreí. Lo que Aro desea, Aro lo obtiene, y si Isabella se queda en Volterra, no demoraré demasiado en lograr hacerla mía.
-Tranquila Piękny… Shhhhh… -Dijo acariciando su cabello mientras ella escondía el rostro en su pecho.
-Dem… estás bien? Qué te estaba haciendo esa niña? –Preguntó Isabella enfureciendo a Jane aún más.
-Me estaba castigando Isabella… .Contestó Demetri -merezco el castigo por actuar sin preguntar a los maestros… Ahora, podrías liberar a Jane?
-No –Respondió ella –Si ella te quiere hacer daño la voy a dejar que se pudra contra el muro –Dijo mirando a Jane desafiante mientras Jane se esforzaba en electrocutarla sin resultados. La pared de luz azul la tenía completamente indefensa.
-Isabella –Dijo Demetri cambiando el tono a un más autoritario.
-Lo siento… -Dijo levantando el escudo, liberando a Jane.
-Cómo hiciste eso? –Preguntó Aro. Luego, dirigiéndose a Demetri, preguntó -Sabías que tu pupila tiene un don?
-No maestro –Dijo Demetri respetuosamente.
-Dame tu mano Demetri –Dijo Aro decidido a saber cada detalle de la vida de Isabella a través de los ojos de su creador. Demetri la extendió y aunque Aro se concentró por un momento, pronto exclamó.
-No veo nada! Es perfecto! Isabella, eres tú querida? Estás protegiendo a Demetri? –Preguntó.
-Sí –Respondió ella simplemente.
-Puedes levantar tu protección para permitirme ver el cumplimiento de la tarea de Dimitri? –Preguntó Amo amablemente, con ese tono que sólo usa con sus protegidos.
-No. No necesitas verlo. Estamos aquí, soy una vampiro, cumplimos con el trato. El resto no es de tu incumbencia. Y Jane, deja de tratar de electrocutarnos o te juro que te voy a aprisionar otra vez… y no te voy a dejar escapar tan fácilmente… -Amenazó.
Jane siseó furiosa y Alec atacó a Isabella con su poder. Lo pude ver como una neblina semitransparente, acercándose a Bella y Demetri, lenta y letal.
-Déjanos en paz niñito! –Dijo Isabella a Alec, que la miró furioso. No hay ofensa mayor para un hombre de más de 1000 años de edad que ser tratado como un niño por una mujer de unos 18 años –O vas a compartir jaula con tu hermanita –Amenazó.
-Basta! –Exclamó Aro cuando vio que Alec y Jane se disponían a atacar físicamente. Demetri asumió posición de pelea, listo para despedazarlos… Y lo habría logrado en un santiamén, los gemelos se confiaban demasiado en sus poderes y no sabían nada de lucha cuerpo a cuerpo.
Cayo y yo miramos la escena intrigados. En miles de años jamás habíamos visto algo semejante.
-Demetri, muestra a Isabella sus aposentos, me imagino que querrán comer y descansar después del viaje… Luego podremos conversar largo y tendido… -Dijo Aro tratando de calmar los ánimos. De pronto Demetri se había convertido en una amenaza muy real gracias a su protegida…
Y mis intenciones de conquistar a Isabella para mi goce personal, se convirtieron en la necesidad de alejarla de Demetri a costa… Divide y vencerás, dice el dicho.
Ellos se tomaron nuevamente de la mano, Demetri hizo una breve reverencia en nuestra dirección e Isabella apenas un saludo de "paz" con sus dedos en V y se fueron por donde vinieron.
Esto se estaba poniendo realmente interesante.
…oOo…
Demetri POV
Sabía que me castigarían… era un riesgo que había asumido desde el principio y que valía la pena una y mil veces a cambio de los días que había pasado con Isabella, no solamente teniendo sexo, si no también conversando y bromeando. Ella es absolutamente irreverente y me hace sonreír más que cualquier otra persona en el mundo… creo que hasta tengo sentido del humor… quién lo hubiera pensado?
Pero mi castigo duró sólo un par de segundos, y luego Jane voló por los aires y se azotó contra el muro… y se fue todo a la mierda.
Isabella tenía un don, un increíble escudo que podía proyectar físicamente, lo que significó que desde ese momento se convirtió en el objetivo número uno de Aro. No la dejarían ir tan fácilmente.
Por otro lado, Marco, Félix y hasta Alec la miraban como si fueran a saltar y cogerla en cualquier minuto, lo que me tenía con los nervios de punta. Isabella es mía hasta que ella decida lo contrario.
Debo reconocer, eso sí, que esta es la primera vez que alguien me defiende desinteresadamente, y la entrega de Isabella me emocionó. Su desafío a Aro y los demás va mucho más allá de sus instintos como mi pupila… son aquellos de una mujer por su pareja.
Soy eso para ella? Es eso para mí? Somos una pareja? Lo dudo… somos amigos… soy su protector y su maestro… pero dudo que ella me llamaría su pareja… Mierda, este asunto me confunde más que nada…
…oOo…
Guié a Isabella de la mano por los corredores y tomamos el ascensor para subir a la torre donde se encontraba mi habitación. Sabía que las habitaciones contiguas estaban desocupadas, ya que el castillo es tan grande que todos preferimos algo de privacidad, usando habitaciones sin vecinos.
Pero yo necesitaba a Isabella cerca si pretendía protegerla.
-Esta es tu habitación, Piękny, si necesitas cualquier cosa, mi habitación está junto al lado y esta puerta de la esquina la conecta entre sí.
-Dem, no me dejes! –Dijo ella aferrándose a mí.
-No te voy a dejar pequeña… estaré a tu lado el tiempo que me necesites –Dije dándome cuenta de la verdad profunda escondida en esa sencilla frase. Estaría con ella y lo arriesgaría todo…
Por que la amo.
-Quédate conmigo… ahora… -me pidió ella abrazándome.
No me pude resistir, la besé apasionadamente y cerré la gruesa puerta de madera tras de nosotros.
Isabella respondió a mi beso con entusiasmo y no pude menos que sentirme orgulloso… soy el único que se puede acercar a ella… el único que la puede tocar, el único al que ella protegerá.
Besé y lamí mi marca en su cuello, aquella que la trajo a esta nueva vida. Isabella se estremeció y yo la tomé en mis brazos y la llevé a la cama, desvistiéndola en el camino.
Ella no tuvo la misma paciencia y rasgó toda mi ropa por lo que llegamos a la cama completamente desnudos.
Decidí que necesitaba probar y besar cada centímetro de su cuerpo, y me embarqué en la tarea de besarla y lamerla de pies a cabeza, mordisqueando su costado, succionando sus pezones, acariciando cada centímetro de su piel.
-Oh Dem… te necesito… -Gimió ella temblando de anticipación.
-Me tienes Piękny, estoy aquí para complacerte… dime qué es lo que deseas y te lo daré… cualquier cosa que quieras es tuya… -Dije completamente en serio.
-A ti… dentro de mí Dem… por favor –Jadeó.
Demonios!
La abracé por detrás y nos acomodé acostados de lado en la cama. Puse una de sus piernas sobre las mías y la penetré lentamente mientras mis brazos la rodeaban y mi lengua recorría su cuello con besos húmedos y lametazos.
Nuestro ritmo esta vez no fue frenético… nos tomamos nuestro tiempo. Estar juntos de pronto se transformó no sólo en una carrera hacia un orgasmo, si no el disfrutar de nuestra cercanía, en disfrutar del confort que nos daba saber que nos teníamos el uno al otro.
En otras palabras, por primera vez le hice el amor a Isabella y me di cuenta de que necesitaba seguir haciéndolo una y otra vez por la eternidad. En algún momento de este extraño viaje me había enamorado de mi víctima.
Estábamos condenados.

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