lunes, 20 de junio de 2011

La Oportunidad de Jake 6




CAPÍTULO 6

BELLA POV
Desperté temprano esa mañana de sábado, sofocada por el calor que irradiaba el cuerpo de Jake abrazado al mío, posesivo hasta en sueños. Su brazo derecho rodeaba mis pechos, el izquierdo mi cintura, y sus piernas se enredaban con las mías.
Traté de zafarme de su abrazo antes de sufrir un shock por el calor, pero solo conseguí que me abrazara más fuerte. Traté un par de veces más con los mismos resultados, hasta que finalmente decidí despertarlo, pero no fue tarea fácil. Le di suaves sacudidas, le di besos, le susurré al oído… nada…bueno, en realidad si reaccionó: comenzó a acariciar mis pezones… Demonios!
Tenía que ir al baño y el calor era realmente incómodo… decidí apretarle la nariz y se ahogó.
-Qué demonios?
-Muévete Jake, necesito ir al baño- dije empujándolo, demasiado apurada como para tratar de sonar dulce o romántica. Nop, ese tren había pasado hace unos 20 minutos.
-Mmmmmmmmmmh… buenos días a ti también Bells!- dijo moviéndose apenas para dejarme pasar. Me detuve un momento para recoger su camiseta del suelo y ponérmela y el no perdió oportunidad de estudiarme desnuda.
Una vez aliviada mi vejiga, me lavé los dientes y me miré al espejo tratando de ordenar la maraña en la que se había transformado mi cabello. Al ver que no había mucho que hacer me lo recogí en una coleta y regresé al dormitorio.
Jake me esperaba en la cama, recostado sobre la colcha, con las manos detrás de la cabeza, una sonrisa radiante y completamente desnudo.
No pude evitar el respirar violentamente ante la imagen. Jake es guapo, su cuerpo es espectacular y ahora él lo sabe.
Desvié la vista avergonzada… aún no me acostumbraba por completo a lo nuestro. El era mi mejor amigo. Éramos cuasi-novios. Y ahora teníamos sexo.
Pocas cosas habían cambiado en nuestra relación excepto en el aspecto físico. No había romanticismo, flores ni corazones. Yo rehuía cualquier demostración verbal demasiado empalagosa, por lo que excepto por los besos y el sexo, todo seguía bastante igual entre nosotros.
Y yo agradecía esta relación tan distinta a la que tenía con Edward… No había realmente punto de comparación. No existía la tensión ante el contacto físico ni tampoco los sentimientos desbordantes que rayaran en lo obsesivo.
El era feliz y yo comenzaba a pensar que mi vida podría ser normal. No locamente enamorada, no increíblemente feliz. Pero normal. Los momentos de felicidad que tenía eran los que me regalaba Jake.
Yo había soñado con una vida extraordinaria, una vida junto a Edward como su igual… Una punzada de dolor en mi pecho me recordó que debía olvidar. Podía vivir mi evasión, siempre y cuando recordara no pensara en él.
Mientras todo esto pasaba por mi mente, Jake me observaba atento, y al verme abrazar mi pecho comprendió que no estaba en humor de sexo mañanero.
Se puso de pié y me abrazó fuerte, avasallador. Quitándome el aliento y llenando el vacío.
-Shhhhhhhhh… murmuró llevándome a la cama, me cubrió con la colcha y se recostó a mi lado acariciándome el pelo.
-Jake… yo… -Traté de explicar, aunque no sabía que decir.
-Shhhhhhhh… -interrumpió. Siguió acariciándome hasta que me quedé dormida.
Estos eran los momentos en los que me daba cuenta de que Jake me era indispensable.
Al despertar Jake nos estaba, y en mi velador había una nota.
"Bells, Sam me necesita. Nuevo rastro, otro chupasangre. Esta vez lo atraparemos. Nos vemos mañana. Lo siento. Beso. Jake."
Jake y su horrible letra, escribiendo mensajes telegráficos. Sonreí. Luego recordé que esto cambiaba mis planes. Ahora tenía un fin de semana sola. Qué hacer?
Decidí lavar la ropa. Toda la ropa posible. Toallas, sábanas, manteles, mi ropa y la de Charlie. Casi descuelgo hasta las cortinas.
Para el medio día ya había terminado, hice mi cama y la de Charlie con sábanas limpias, pasé la aspiradora por toda la casa, y solo eran las 2:20 pm. Demonios! No tenía tareas pendientes del colegio, ya que con tanto tiempo sola había adelantado muchísimo y ya había recuperado el tiempo perdido durante mi período de zombi.
Me decidí por un baño de sales con olor a fresa y un libro. Esta vez, una biografía de Miguel Ángel que me hacía con soñar con viajar a Italia para conocer en persona las maravillosas obras de arte detalladas en el libro.
No más clásicos para mí. Demasiado romance, y demasiados personajes llamados Edward.
Siendo las 4 de la tarde, y ya completamente limpia, encremada y perfumada gracias al regalo de Renee, me decidí a tomar una siesta. Eso seguro acortaría mi tarde.
Me recosté en mi cama sobre la colcha con mi libro en las manos, pero el sueño me venció y me quedé dormida.
Cuando desperté estaba oscuro y hacía frío, pero yo estaba bajo la colcha. En qué momento me había tapado? Me incorporé lentamente, aún medio dormida, sin querer prender la luz para no violentar mis ojos entrecerrados, y entonces, lo olí.
Inhalé profundamente y mi corazón se detuvo. Exhalé lentamente mientras mi corazón se desbocaba, me latían las sienes y mariposas (mas parecían murciélagos) volaban desde mi vientre hasta mi garganta. Mis ojos se llenaron de lágrimas y murmuré- Edward!,
Me quedé paralizada, atenta a cualquier movimiento, esperando unos segundos antes de encender la luz y enfrentar lo que seguro era una alucinación olfativa (si es que eso siquiera existe)
-E… Edward?- Murmuré sintiéndome estúpida por solo pensarlo, pero con una llama de esperanza creciendo en mi pecho.
-Hola Bella- Escuché su voz a mi lado.
-Mierda! –exclamé, mientras caían lágrimas por mis mejillas. Ahora si que lo había hecho bien. Me había terminado de volver loca. Pobre Charlie, pobre Jake!.
-No llores Bella, por favor- Susurró su hermosa voz junto a mí. Y su olor… Ese dulce olor… Dios, me hacía tan feliz! Si esto era estar loca abrazaría mi locura.
-Lo siento- murmuré a mi alucinación – No voy a llorar mas… ahora que finalmente me volví loca puedo ser feliz junto a ti… no me vas a dejar nuevamente, verdad?- Pregunté a la oscuridad.
-Nunca… nunca más, nunca más- repetía su voz… Extraño. Mis alucinaciones tenían generalmente una voz aterciopelada y maravillosa. La alucinación de hoy sonaba ronco, como si no hubiera usado su voz en un buen tiempo.
-Por qué demoraste tanto? – Pregunté- Te esperaba desde hacía un par de meses.
-Me esperabas?-Dijo sorprendido.
-Pues si… desde la primera vez que te escuché… en el bar en Port Ángeles, recuerdas?
-Bar? Port Ángeles?-Gruñó
-Pero nunca antes te había olido… por eso sé que esta vez sí que es definitivo. Ahora sí que me volví loca- Afirmé sonriendo feliz, aceptando mi destino.
-Bella, tú no estás loca-Murmuró la voz quebrada de la emoción. Estoy aquí, contigo, lo siento.-dijo y un toque frío recorrió mi mejilla limpiando mis lágrimas.
-Oh… pobre Charlie-dije cerrando los ojos al sentir el olor de Edward intensificarse y brevemente sentí como suavemente besaban mis labios. Wow! Esta era la mejor alucinación del mundo!
Respondí aspirando por la boca con mis labios entreabiertos, intentando sentir su sabor en mi lengua, pero un sollozo escapó de mi garganta y las lágrimas corrieron por mis mejillas libremente. Demonios! La intensidad de mis emociones me abrumó y me di cuenta de que de nada servía tratar de escapar, la realidad siempre me alcanzaría, y el dolor sería cada vez más difícil de soportar.
Me acurruqué en posición fetal y lloré. Lloré como no había llorado nunca antes, ni cuando él me abandonó. Lloré sabiendo que estaba sola en la casa, que no haría sufrir a Charlie con mis sollozos, sabiendo que mi vida nunca más sería normal, sin importar cuánto pretendiera con Jake. Y lloraba porque sabía el daño que les haría el verme sufrir.
Ese olor… otro gemido escapó de mi garganta. Porque aún podía sentirlo a mi alrededor? No podía más... Como olvidar? Cómo hacer para seguir adelante? Mi antigua depresión me consumía y comencé a contemplar la única opción que no consideré antes. Morir.
Solo la preocupación por el dolor de mis padres me había detenido de elaborar esa idea. No quería que ellos sufrieran… Pero no sufrirían más acaso con una hija loca, que se mueve como un zombi y que posiblemente terminará internada en un manicomio?
Sentí el dolor como en el primer momento, pero aún peor… el dolor de su abandono empeorado por el hecho de saber con certeza de que el tiempo no haría ninguna diferencia. Siempre lo amaría. Siempre me dolería.
Sentí mi cama hundirse por el peso de alguien sentándose a mi lado. Ya no luché más con la idea. Estaba agotada. En cuanto hubiera descansado haría planes para acabar con todo esto. Ahora sencillamente estaba demasiado deprimida como para reunir mis fuerzas. Una sonrisa invadió mis labios y una carcajada maniática escapó de mi garganta. Era gracioso… Demasiado deprimida para suicidarme!
Una mano fría tocó mi cabello y acarició mi cabeza hasta que mi respiración volvió a serenarse. La voz comenzó a cantar mi nana.
No sé cuánto tiempo pasó, pueden haber sido horas, hasta que sentí que tenía energías suficientes para moverme.
Acerqué mi mano a mi cabeza y con la punta de mis dedos recorrí suavemente desde su muñeca hasta su antebrazo, hasta su codo, hasta su hombro, hasta su clavícula, hasta su cuello y finalmente hasta sus labios. El se paralizó.
-Bella… no… -murmuró.
-No… Por supuesto que no!- Dije ácidamente y retiré mi mano. Por supuesto que no. Cuando me había dicho el que si?
-Bella, ahora que estas más calmada, podemos conversar?
-Sinceramente lo dudo, considerando que tu eres un producto de mi imaginación. Cualquier conversación sería un monólogo entre mi yo consciente y la parte más jodida de mi cerebro.- Traté de racionalizar.
-Basta!- Dijo levantando la voz. La luz de mi velador se encendió y por fin lo vi. Edward.
-Bella… mírame. Soy yo, soy real. Regresé, por ti… Lo siento tanto…
-Regresaste…- murmuré tratando de computar ese hecho, que me parecía mil veces más improbable que el hecho de que finalmente me hubiera vuelto loca.
Fijé mis ojos en su rostro. Se veía ceniciento, demacrado, con grandes ojeras y los ojos negros. Incluso se veía más delgado… pueden los vampiros adelgazar? Pero por supuesto, a pesar de todo se veía hermoso, un ángel atormentado. Mi memoria no le hacía justicia.
-Bella lo siento tanto- dijo interrumpiendo mis pensamientos al tomar mi mano- No sabía el daño que te hacía, pensé que un corte limpio sería lo mejor para ti… quería protegerte de los peligros de mi mundo, tu sabes que te amo… te lo repetí tantas veces… cómo pudiste creerme tan fácilmente cuando dije lo contrario? Eres la única para mí, te esperé más de 100 años… lo siento amor, ahora veo que has sufrido tanto como yo…- Imploraba rápidamente como para decir todo antes de que lo interrumpiera.
Yo lentamente retiré mi mano de su agarre y me incorporé en la cama. Me puse de pié tambaleante mientras recordaba que debía lucir horrorosa con todo el llanto y mi pelo secado "al natural". El trató de ayudarme y la ira me consumió, y violentamente exploté.
-POR MI BIEN?-Grité- POR MI BIEN EDWARD? Tienes alguna idea del daño que me has hecho? Del infierno que me has hecho pasar? De lo que han sufrido Charlie y Renee? QUIEN DEMONIOS TE CREES EDWARD CULLEN? DIOS? Quién demonios te ha dado el derecho a decidir que es bueno y que es malo para los demás? Soy acaso una niña? Eres acaso mi padre? PUES NO! YO ERA TU MALDITA NOVIA Y TU DECIDISTE DESTRUIR MI VIDA Y CASI MATARME DE PENA PARA EVITAR QUE? Tu cargo de consciencia en caso de que algo malo me pasara. Te informo Edward, de que a mí SIEMPRE me pasan cosas malas. Es mi suerte. Pero no me importaba si me pasaban estando contigo… Y nada me habría pasado si tu hubieras accedido a transformarme! Oh pero no Edward Cullen… Edward Cullen lo sabe todo y decide por él y por todos los que lo rodean… -Paré un momento para respirar y añadí para aumentar el veneno de mis palabras- Como se sintió tu familia al tener que abandonar su hogar "por si acaso" algo pasaba? Nunca pensaste en las consecuencias de tus actos? MALDITA SEA EDWARD! ERES UN JODIDO IDIOTA!- Grité exhausta por el esfuerzo de mi discurso y mis gritos.
Edward me miraba atónito. Claramente no se esperaba un estallido como ese. La Bella que el dejó jamás habría dicho, mucho menos gritado, lo que le acababa de decir. La Bella que él conocía no decía groserías, esas malas costumbres me las había pegado Jacob.
-Bella yo… lo siento. Quieres que me vaya?- Preguntó poniéndose de pié y mirándome a los ojos.
-Veo que te vas a escapar otra vez. .. Vienes a remover las heridas, a asegurarte de que no te he olvidado y te largas otra vez- dije abrazando fuerte mi pecho para contener el agujero y tratar de mantenerme erguida… tratar de conservar la poca dignidad que me quedaba.
-Bella no quiero molestarte y veo que mi presencia te incomoda.
-Incomoda?-Bufé- Si que tienes un modo con los eufemismos!
-Pero déjame decirte que te he extrañado. Que dejarte es lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida y que ahora sé que nunca debí haberlo hecho. Bella yo te amo… te amo tanto… Si tu ya no sientes lo mismo lo comprendo perfectamente y te dejaré sola… pero si aún sientes algo por mi te ruego que me dejes quedarme y volver a ganarme tu amor… Tu tendrás el poder, tu pondrás las condiciones… solo… no me alejes de ti por ser un jodido idiota.- Dijo con la voz más ronca aún y sus ojos negros fijos en los míos, evaluando mis reacciones.
Yo sencillamente no lo podía creer… a que estábamos jugando? Edward quería volver? Lo quería yo de vuelta? Siiiii! Gritaba mi corazón. Noooooo! Gritaba mi cerebro. Podía aceptarlo de vuelta? Aún lo amaba, eso estaba claro, pero el poco instinto de supervivencia que me quedaba que tenía me prevenía ante el dolor que me causaría cuando se volviera a asustar por mi fragilidad humana y volviera a huir. Y además estaba Jacob… mi Jacob, que me amaba y estaba en este mismo momento arriesgando su vida por mi.
Me sentí abrumada, esto era demasiado… un día demasiado largo, demasiadas emociones en conflicto… mi corazón se disparó, me di media vuelta, corrí al baño, cerré la puerta de una patada y vomité.

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