lunes, 20 de junio de 2011

Regreso a Casa 8


No pierdes lo que das,
no pierdes lo que das.
Era el final de otro verano,
nos fuimos a andar, me dio la mano,
y quise dormir entre sus brazos,
tu sitio está aquí dijo despacio,
no pierdes lo que das.
Christina Rosenvinge / No pierdes lo que das
Capitulo 8
Charlie amaba salir de pesca y cacería, y aunque Jazz no era fanático de ninguno de los dos deportes, cada vez que Charlie lo invitaba a un fin de semana de acampada y pesca o cacería Jazz aceptaba entusiasmado. Claro, lo que Jazz disfrutaba era tener una figura paterna, no un montón de salmones o un conejo acribillado.
Y aunque al principio a mi no me invitaban, yo insistí en la injusticia y en que no era culpa mía de haber nacido con partes de niña, y que eso no significaba que no fuera capaz de disparar igual o mejor que un hombre.
Eventualmente mis argumentos lograron convencer a Charlie, quién no tenía mucha idea de lo que se esperaba de él en la crianza de una niña, pero él no aceptaría de buena manera ser llamado "cerdo chovinista", por lo que finalmente aceptó incluirme en las acampadas y enseñarme a disparar y a pescar.
La verdad ninguna de las dos actividades me apasionaba, pero no me gustaba la idea de separarme de Jazz por 2 y hasta 3 días, por lo que me sumé con entusiasmo a lo que fuera que decidieran hacer. Y de paso con el tiempo me convertí en una excelente tiradora; a pesar de que me negué rotundamente a dispararle a ningún ser vivo, era capaz de acertar a blancos que ni Jazz ni Charlie podían atinar. Eso les enseñó a no menospreciar a las niñas!
Un fin de semana de verano, cuando yo tenía 10 años y Jazz 12, fuimos a acampar cerca de Lake Mills, en el Olympic National Park. La idea era cazar y pescar un poco, pero principalmente alejarse de todo en una mini-vacación. 4 días de nada más que silencio, comida cocinada en la fogata, nadar y pescar en el lago, y Charlie podría disparar cuanto quisiera a los desafortunados ciervos que se encontrara en su camino.
Los primeros 2 días de campamento estuvieron llenos de actividades de exploración y reconocimiento, y como estaba nublado, Jazz y yo nos entretuvimos tirando piedras al lago (para desesperación de Charlie que quería pescar y nuestros juegos espantaban a los peces), pero el tercer día amaneció con un sol radiante, por lo que después del desayuno juntamos un poco más le leña seca y luego Jazz y yo nos pusimos nuestros trajes de baño y nos tiramos al lago a nadar.
Para cualquier persona que viva fuera del estado de Washington el agua habría estado imposiblemente helada, pero para dos niños nacidos y criados en Forks y ansiosos por nadar, el agua era simplemente perfecta. Jugamos y nadamos por un par de horas hasta que Charlie nos llamó a almorzar, y ambos muertos de frío (pero sin querer reconocerlo) y famélicos por el ejercicio, nos apresuramos a pararnos junto a la fogata para secarnos antes de vestirnos.
Fue en ese momento que Charlie vio por primera vez las marcas en el cuerpo de Jazz… Montones de cicatrices marcando su espalda y torso, algunas antiguas y desvanecidas, otras recientes y claramente visibles. Incluso había un enorme moretón en su costado, ya casi desaparecido, tiñendo su piel de verde y amarillo.
Yo por supuesto, ya había visto las cicatrices y sabía de los castigos de la señora Whitlock, pero para Charlie fue una sorpresa la magnitud del maltrato y simplemente se enfureció. Jamás había visto ni volví a ver a mi padre tan enojado, y Jazz y yo nos sentamos junto a la fogata tomados de la mano y esperando que pasara la tormenta. Charlie finalmente se calmó y al poco rato y se llevó a Jazz a un largo paseo por el bosque. Nunca supe exactamente qué conversaron, pero a nuestro regreso a Forks Charlie comenzó los trámites para obtener la custodia de Jazz, y a los pocos meses, Jazz se convirtió oficialmente un miembro de nuestra familia.
…oOo…
El camino al hospital lo realizamos en absoluto silencio, pero Jazz nunca soltó mi mano mientras manejaba mi auto. Sin el calor que me entregaba ese simple gesto no estoy segura de que hubiera sido capaz de salir de la casa.
Como una niña pequeña, me revelé… No era justo! Se suponía que teníamos más tiempo! Sólo había visto a mi padre una vez, se suponía que tendríamos un par de semanas para despedirnos…
Mi mente se revolvía frenética entre el dolor de lo que estaba sucediendo con Charlie y el desastre en el que estaba convirtiendo mi vida personal. Mi atención vagaba entre un problema y otro y no me podía asentar y enfocarme en ninguna de las 2 situaciones.
Cuando Charlie muriera me quedaría sola en el mundo, ya no tendría familia ni hogar, no pertenecería a nada ni a nadie, y eso me aterraba. Mi padre moriría y yo quedaría huérfana… Un nudo en mi garganta comenzó a hacerme difícil respirar ante la desesperación que esa absoluta soledad me producía.
Mis ojos se enfocaron en Jasper, que me miraba atentamente y traté de esbozar una débil sonrisa. Jazz entendía… Jazz estaba en exactamente la misma situación que yo, Charlie era su única familia y una vez que Charlie nos dejara, Jazz quedaría solo igual que yo.
Jazz… Jazz era mi familia verdad? Mi hermano adoptivo? Aunque nunca pretendimos ser hermanos ni Charlie fomentó entre nosotros sentimientos filiales sino de amistad, era cierto que todos mis recuerdos se entrelazaban con Jasper… Todas las navidades, cumpleaños, vacaciones, momentos buenos y malos de mi vida… en cada uno estaba él… Lo convertía eso en mi familia? Podría contar con él una vez que regresara a San Francisco y a Edward? Me entregaría Jasper en el altar?
Me estremecí ante la ridiculez y egolatría de ese pensamiento. No, jamás podría reunir a Jazz y Edward, ambas partes de mi vida eran irreconciliables, y tal como me había dicho Jasper, debía elegir. Por qué era tan difícil? Yo pensé que ya había elegido, pero lo único que había hecho durante todos estos años era esconder la cabeza bajo la arena y adoptar una vida "normal" sin volver a retomar contacto con elementos que fueron fundamentales en mi vida antes de los 18 años. Cobarde!
Soy una cobarde, ni siquiera quería escuchar a Jazz y su versión de los hechos… en mi mente la justificación sonaba lógica… Para qué, después de todos estos años? Yo ya sabía lo que había ocurrido… realmente quería saber su versión y volver a revivir el dolor, especialmente en un momento en el que me sentía tan vulnerable como ahora?
Los pasillos del hospital estaban vacíos y Jazz me guió con su mano en el hueco de mi espalda. Yo no presté atención a nada, enfocada en el tumulto de ideas que me asaltaban… Egoísta… mi tren de pensamiento estaba sólo enfocado en cómo todo lo que estaba ocurriendo me afectaría, pero ni por un segundo me había detenido a pensar en Charlie, muriendo en dolorosa agonía, o en Jazz, perdiendo a su única familia, al hombre que actuó como su padre en todo sentido, al hombre que lo salvó de una vida de abuso y le dio un hogar…
Extendí mi mano a Jasper y él la tomó dándome un apretón que pretendía darme fuerza para seguir… Seguir caminando para presenciar la muerte de papá.
Nos sentamos en un pasillo por horas… Yo no me pude mover, atrofiada de miedo y ansiedad. Jazz se levantó a hablar con médicos y enfermeras y me trajo café y montones de chocolates de la máquina de golosinas. Finalmente decidió quedarse quieto y se sentó en el sillón a mi lado rodeándome con su abrazo. Yo apoyé mi cabeza en su hombro y me quedé dormida en un sueño inquieto, plagado de pesadillas.
Desperté con la cabeza en el regazo de Jasper y mi cuerpo cubierto con su chaqueta. Él se encontraba durmiendo, y al observar su rostro pude ver el reflejo de esa espantosa noche de espera en sus ojeras… Pobre Jazz, había sido tan fuerte para mí, y yo sabía lo que él estaba sufriendo aún cuando no lo había dejado entrever, tratando de ser valiente por mí.
Lentamente me incorporé y no resistí la tentación de besar su mejilla, dándole las gracias silenciosamente por estar ahí conmigo… el dolor compartido es más fácil de soportar.
Jazz murmuró algo así como "Buenas noches cariño", y yo me levanté para ir al baño. Una vez aliviada me lavé la cara y las manos y compré un par de kits de cepillo y pasta de dientes de la máquina expendedora. Me lavé los dientes y me dirigí a la cafetería a comprar algo para el desayuno.
Regresé a Jazz cargada con una bandeja con dos cafés (un Flatwhite para mí y un Long black para él) y un par de sándwiches de pollo. Él seguía durmiendo con la cabeza reclinada y el ceño fruncido. Dejé la bandeja en la mesita de las revistas y pasé ms dedos por su cabello, tratando de despertarlo suavemente. Él se resistió un poco al principio, pero finalmente abrió los ojos.
-Hola Jazz, nos traje desayuno… -Dije tratando de sonreír.
-Cariño lo siento… me quedé dormido! –Dijo estirándose.
-Está bien, ambos estábamos agotados. Mira, Long black, sándwich de pollo y un kit de cepillo y pasta de dientes, que tal? –Dije orgullosa de mis compras, eran mucho más de lo que había esperado encontrar en el hospital de un pueblito como Forks.
-Perfecto –Susurró –Ven aquí cariño, hace frío –Me dijo extendiendo sus brazos para sentarme en su regazo y cubrirme con su chaqueta. Así, abrazados, tomamos desayuno y seguimos esperando.
Eventualmente Jazz partió al baño con su kit de limpieza y regresó luciendo refrescado y oliendo a jabón y menta. Nuevamente me acomodó entre sus piernas y yo me acurruqué sobre él, confortada por su presencia, por su abrazo y por el dolor compartido. No hablamos, simplemente entrelazamos nuestras manos sobre mi estómago y esperamos un poco más.
Al mediodía se acercó el médico tratante para darnos la autorización de entrar a ver a Charlie por unos minutos. Nos explicó que el fin podría ocurrir en cualquier momento, que durante la noche había tenido una crisis y que por el momento se encontraba fuertemente sedado, ya que el dolor se había vuelto insoportable.
Tomados de la mano, entramos a la habitación de mi padre. Jazz apretó mi mano fuertemente al verlo, pero su rostro no reflejó nada más que amor y preocupación, sus ojos casi negros.
La habitación se encontraba en penumbras, y un olor rancio y a medicamentos teñía el aire… el olor de los enfermos terminales… Charlie se encontraba acostado en una camilla angosta, lleno de tubos que salían de sus brazos, nariz y boca, y estaba conectado a 2 monitores que confirmaban que seguía respirando y su corazón seguía latiendo.
Casi no lo reconocí… se veía tan pequeño, arrugado y vulnerable… era verdaderamente esta carcasa de un ser humano mi padre? El jefe de policía? El hombre que me cargaba en sus hombros, el que me enseñó a pescar y a disparar? Parecía imposible, pero así era.
Incluso parecía haberse encogido desde el día anterior…
Y por primera vez recé a Dios, un dios en el que no creía, para que se lo llevara, para que le permitiera por fin descansar, porque nadie debería tener que vivir así, sin esperanza, con dolor y con la ayuda de un montón de máquinas… no es lo que Charlie sano hubiera querido…
Jazz y yo nos ubicamos a cada lado de la camilla y tomamos sus manos. Charlie gruñó y entreabrió sus ojos con un bufido y una mueca de dolor, pero al reconocernos sonrió.
Jazz y yo comenzamos a hablar, contándole de nuestro paseo a las cuadras de la policía montada para conocer a Swan, yo le hablé de lo increíble que era el potro y de lo mucho que se parecía a Jazz. Le conté mi impresión de las remodelaciones de los establos y el picadero, y Charlie sonrió orgulloso de su hijo adoptivo.
Jazz por su parte le contó a Charlie de la lasaña que preparé la noche anterior, de cómo había usado sus conservas de salmón ahumado sin pedir permiso, y de que esperaba que yo fuera castigada adecuadamente. Rata traicionera! La lasaña era para él! Pero entendí que Jazz pretendía dar un aire de normalidad a la terrible situación que estábamos viviendo, por lo que continué la charada sacándole la lengua y haciéndole un desprecio, lo que pareció divertir a Charlie.
Charlie no dijo nada, se encontraba demasiado sedado y adolorido como para interactuar con nosotros, pero sé que estaba contento de tenernos a su lado… Cuando la enfermera entró a la habitación para decirnos que la hora de visita se había acabado, besé la frente de mi padre diciéndole "Te quiero papá, nos vemos más tarde". Jazz hizo lo mismo, pero aunque no pude escuchar lo que le dijo a Charlie, si pude ver que Charlie abrió los ojos y asintió levemente.
Y tomados de la mano, salimos de la habitación y volvimos nuevamente a esperar…

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