sábado, 11 de abril de 2015

Mi Destino 22

Hola a todas. Nuevo y esperado capítulo de “Mi Destino”. En el álbum de Facebook de este fic encontrarán fotos que las ayudarán a visualizar mejor lo que describo.

Abrazos a todas.
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Capítulo 22

Staring at the bottom of your glass
Hoping one day you'll make a dream last
But dreams come slow, and they go so fast
You see her when you close your eyes
Maybe one day you'll understand why
Everything you touch surely dies
But you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go.
Let Her Go / Passenger

GARRETT POV
-Isabella, despierta, ya es hora – Le dije besando su cabello, sabiendo que estaba despierta desde hacía un buen rato, pero por alguna razón fingía dormir.
No hubo reacción. Nada. Tiesa como una tabla.
Lo que confirmaba que estaba fingiendo, porque de estar dormida se habría removido, no habría pretendido estar muerta.
-Isabella, ya está bien, sé que despertaste antes de que saliera el sol. Por qué no quieres hablarme? – Pregunté. Habíamos hecho el amor, y se había dormido en mis brazos perfectamente contenta. No hubo peleas, ni siquiera una discusión… Por qué despertó enojada?
-No quiero ir – Me dijo con voz clara, demostrando estar plenamente consciente.
-Mmmmmh? – Pregunté sin entender de qué estaba hablando.
-No quiero ir, no quiero ver a los Cullen, no quiero ver a Edward – Dijo escondiendo aún más su rostro en mi cuello.
Me quedé un momento pensativo mientras acariciaba su espalda, ponderando qué decir. Los Cullen la esperaban, si ella no aparecía pensarían lo peor y no era el momento de dañar aún más nuestras relaciones. Pero por otro lado, cómo forzarla cuando una parte de mí se regocijaba ante la idea de esconderla y conservarla sólo para mí?
-Si no quieres ir no te puedo obligar – Le dije – Pero la verdad es que me sorprende escuchar que te vas a ocultar como si estuvieras haciendo algo vergonzoso…
-No es eso! – Exclamó sentándose, perfectamente cómoda con su desnudez.
-Entonces qué es? - Pregunté.
-No me avergüenzo de ti, no me avergüenzo de nosotros, me avergüenzo de mí! – Exclamó con los ojos brillantes – Edward era mi novio, le debía lealtad, o al menos decirle que habíamos terminado! Ahora cómo lo enfrento? No puedo actuar como si nada hubiera pasado! Lo traicioné! Soy una persona horrible!
-Isabella tú fuiste leal. Te resististe cuanto pudiste, pero lo nuestro no es una simple aventura o una atracción momentánea. Tu eres mi Pareja y ese es un lazo ineludible, no importa cuando luches, y créeme, diste una buena pelea, recuerdas los primeros días? – Le dije tomando su mano.
-Pensaba que estabas loco – Sonrió a su pesar.
-Exacto – Le dije – Y recuerda que yo te secuestré, y si no hubiera sido por tu pierna rota te me habrías escapado sin dudar a la primera oportunidad.
-Debí avisarle… - Dijo débilmente.
-Quisiste hacerlo, pero yo no te lo permití – Afirmé - Tu seguridad dependía de que mantuvieras un bajo perfil y Edward no habría permitido que te quedaras a mi lado. No tuve alternativa y la verdad es que no me arrepiento, porque ahora te tengo conmigo, me amas, y estás tan a salvo como es posible dada la situación.
-Lo sé… Racionalmente lo sé, pero igual no sé qué decirle… - Balbuceó.
-Si no quieres no le digas nada, déjanos hablar a nosotros. Los Cullen quieren ver que estás bien y que no estás conmigo a la fuerza, eso es todo – Le dije.
-No quiero que me separen de ti – Confesó muy bajito – Van a tratar de llevarme con ellos, lo sé…
-Nunca! – Rugí – Eso JAMÁS va a pasar Isabella, NUNCA.
-Pero…
-Nunca! Eres mía – Afirmé sintiendo que el veneno hervía en mis venas ante la idea de perderla, de que me fuera arrebatada… De que ella temiera que eso fura una posibilidad.
-Tuya! – Exclamó lanzándose a mis brazos – Tuya! No dejes que nos separen! Yo no tengo tu fuerza, no podría luchar si ellos…
-Si alguien, cualquiera llega a ponerte un solo dedo encima lo mato – Le dije abrazándola tan fuerte como su frágil cuerpo resistía – No hemos llegado hasta este punto en nuestra relación para que todo se vaya al carajo por los Cullen. Eres mía Isabella, mía para siempre.
-Entonces voy – Suspiró – Es mejor terminar de una vez, he vivido mucho tiempo temiendo este momento y de nada sirve que continúe aplazándolo, eso sólo prolongará la agonía ante lo inevitable. Además si tú estás conmigo no me da tanto miedo.
-Siempre estoy contigo, quieras o no, recuerdas? Ni cuando quisiste deshacerte de mí me largué. Ni cuando pensé que nunca cederías – Le dije mirándola a los ojos.
-Te hice sufrir, verdad? – Preguntó acariciando mi rostro.
No respondí. No había una buena respuesta. Sí, lo había pasado mal, pero confirmarlo sólo serviría para hacerla sentirse peor, ya no solo por los sentimientos maltratados de Edward, sino también los míos.
-Anda a la ducha, mientras te bañas voy a pedir tu desayuno – Le dije poniéndome de pié.
-No te vas a duchar conmigo? – Preguntó.
-No creo que sea una buena idea, nos vamos a atrasar y vas a terminar oliendo a sexo – Le dije en un enorme despliegue de fuerza de voluntad.
-Garr, me consta que ayer fuiste a ver a los Cullen cubierto de mi esencia de pies a cabeza – Me dijo  poniéndose de pié y tambaleándose. Me acerqué a ella a tiempo para afirmarla de los antebrazos.
-Qué te pasó?  Te sientes bien? – Pregunté preocupado.
-Bien, no pasa nada, me paré muy rápido y creo que estoy baja de azúcar, he pasado muchas horas sin comer nada contundente, anoche cené una ensalada – Dijo quitándole importancia. Se empinó en la punta de sus pies y besó mi mejilla – En qué estábamos? - Preguntó
-En que ayer visité a los Cullen oliendo a ti… – Respondí apreciando la delicada curva de su cintura.
-Exacto – Dijo ella.
-…Porque ayer necesitaba que me creyeran cuando les dijera que estamos juntos, y no me importaba que se enojaran o me trataran de atacar, como efectivamente sucedió – Respondí.
-Edward? Edward te atacó?  - Preguntó preocupada – Qué le hiciste? - Insistió.
-Nada Isabella, nada, lo inmovilicé pero no lo golpeé como me habría gustado, porque sabía que tú no lo aprobarías y no quiero tener problemas contigo por culpa de ese bastardo – Le dije un poco cabreado de que se preocupara tanto por él. Aunque por otro lado, a ella jamás se le ocurrió que Edward me pudiera hacer algo a mí… Eso es confianza…
-Gracias Garr, no debe haber sido fácil – Dijo abriendo el grifo del agua caliente de la ducha.
-Está bien, supongo que no me faltarán oportunidades en el futuro – Dije encogiéndome de hombros.
-Pero hoy? Cuál es la diferencia? – Preguntó mojando su cabello.
-La diferencia es que no voy a arriesgarme a que pierda el control en tu presencia – Dije estudiando cada uno de sus movimientos, cada línea de su cuerpo, cada músculo contrayéndose y relajándose... Hasta que se giró a tomar el champú y perdió el equilibrio nuevamente. Otra vez se le doblaron las rodillas y casi se da en la cadera con el canto de la tina.
Nuevamente alcancé a sostenerla antes de que se golpeara, pero esta vez fue más peligroso, porque una caída en la ducha puede llegar a resultar mortal.
-Cuidado Isabella! Qué es lo que tienes? Estás enferma? Te quieres quedar en cama? – Pregunté sosteniéndola bajo el chorro de agua, empapándome en el proceso.
-No, no, estoy bien, sólo un poquito débil – Dijo apoyándose en mí para enjuagarse. Aproveché de enjabonarme rápidamente y una vez que ambos estuvimos limpios corté el agua y la saqué de la tina con mucho cuidado. Luego la sequé y la senté en el vanitorio con una toalla enrollada como un turbante en el pelo.
-Qué vas a desayunar? - Le pregunté desde la habitación, donde me calcé los jeans menos impresentables que tenía (lo que no es mucho, eran sólo los menos arrugados).
-Jugo de naranja, panqueques y huevos con jamón – Dijo balanceando las piernas, que era lo único que yo alcanzaba a ver a través de la puerta desde el ángulo en el que me encontraba.
-Café? – Pregunté.
-Ew! No! – Exclamó como si le hubiera ofrecido caca de perro.
-Tú siempre tomas café por la mañana… – Le dije extrañado asomándome al baño. Sin café Isabella se ponía aletargada y malhumorada.                                                                                             
-Ya no, que asco – Dijo arrugando la nariz.
-Ok, sin café entonces – Dije sin comprender, y realicé la orden.
Ella se bajó del vanitorio y se dirigió al closet donde escarbó un buen rato en su bolso y estudió algunas prendas de entre sus limitadas alternativas, y luego pasó a mi bolso con toda confianza, y escarbó hasta encontrar lo que buscaba: Un delgado sweater gris, uno de mis favoritos porque es el que llevaba el día que conocí a Isabella.
Con toda calma Isabella se vistió. Ropa interior de color rosa pálido, calzas con diseños geométricos en colores pastel, mi sweater gris, un pañuelo de color rosa pálido como bufanda y las botas Ugg de color rosa que le regalé a pesar de sus reclamos argumentando que eran ridículamente caras en comparación con las mismas botas de cualquier otra marca.
Se equivocaba, no era lo mismo.
Además yo vi como las miraba cuando las identificó en la tienda de Ugg… Isabella las quería, aunque no lo admitiera, y para ella compraría sólo lo mejor.
Y ahora confirmaba que había sido una buena idea. A pesar de que su atuendo era absolutamente casual, se veía preciosa, cómoda y única en su estilo.
-Alguna razón por la que quisieras usar mi sweater? – Pregunté – Te queda enorme.
-Quiero oler a ti – Dijo simplemente – No para los demás, sino para mí. Tu olor me calma.
-Usa lo que quieras – Le dije besando su coronilla y apurándome en vestirme sin planear mi atuendo. Simplemente me puse un par de calcetines, mis botas vaqueras y una camiseta negra de manga corta, mostrando con orgullo mis cicatrices, esas que le producían tanta repulsión a los Cullen. Nunca estaba de más recordarle al enemigo que soy un soldado experimentado.
Para cuando llegó el desayuno ambos estábamos vestidos, e Isabella comió un poco de todo y declaró demasiado pronto que no quería más.
Definitivamente estaba enferma, ella era capaz de comerse todo lo que había en los platos no una, sino tres veces. Lo sé, lo he visto.
La miré preocupado, evaluándola sin decir nada. No se veía afiebrada o colorada, sino más bien lo contrario. Cuando me acerqué a besar su frente la encontré helada y más bien pálida.
-Llevas una chaqueta? – Pregunté.
-Sip – Me dijo tomando su abrigo y su bolso del closet.
-Tienes las manos heladas – Le dije – No trajiste guantes?
-No tengo guantes – Me corrigió – Para qué los necesitaría viviendo en Arizona?
-Vamos a pasar a la tienda de recuerdos de Recepción, seguro que tienen ahí. Me pareció ver que al menos tienen gorros de lana… - Le dije tomando su mano mientras caminábamos por el pasillo.
-Donde vamos a encontrar a los demás? – Preguntó sin comentar.
-Abajo, frente al estacionamiento – Le dije.
-Ok – Dijo y apretó mis dedos.
Cuando entramos al ascensor nos encontramos solos, y ella no dudó en abrazarme acurrucándose a mi lado como si se quisiera fundir con mi piel. Isabella estaba asustada.
Y yo odiaba que sufriera por esta situación.
Afortunadamente la tienda de regalos estaba abierta y efectivamente tenían guantes de lana y mitones. Isabella eligió unos guantes grises que la cubrían hasta el primer nudillo. Cuando le pregunté por qué no compraba guantes que cubrieran su mano entera me respondió que odiaba no tener sensibilidad en la yema de los dedos, y acto seguido pasó sus dedos por mi mejilla, rosándome apenas.
-Me gusta sentirte – Dijo simplemente.
Luego caminamos abrazados hasta el estacionamiento, donde nos encontramos con el espectáculo que ofrecían Jasper y Lis a Peter y Char, que los miraban más interesados que escandalizados.
Lis se encontraba sentada en el capó del auto de Jasper, con las piernas lo suficientemente abiertas como para acomodar a Jasper, que la besaba con total abandono.
Ella lo abrazaba enredando sus dedos en su cabello y rodeándolo con sus piernas. Estaban virtualmente fornicando con ropa a plena vista de cualquiera que pasara por ahí.
Y lo peor?
Jasper estaba proyectando.
-Jasper corta el show triple equis! – Le dije tocando su hombro, sabiendo que si no se detenía en los próximos segundos Isabella seguiría el ejemplo de su prima en el capó de “Larry” o del auto más cercano.
-Jazz, hay niños cerca! – Dijo Isabella con una voz forzada, contenida. Afectada?
-Mmmmmmmh – Fue todo lo que se dignó a contestar el “Mayor”.
-Lis suéltalo! – Exclamó Isabella zamarreando el brazo de su prima – O por último métanse al auto antes de empezar a manosearse, degenerados exhibicionistas!
Lis poco a poco abrió los ojos sin dejar de acariciar y besar a Jasper, y al ver nuestras expresiones cabreadas lo soltó, aturdida al darse cuenta del espectáculo que estaban dando.
A Jasper esto no le gustó demasiado.
-Hola Bella – Saludó Lis desenredándose de su Pareja, quién se apoyó en el capó de su auto medio doblado para esconder su erección.
Como si eso fuera posible.
-Hola Lis – La saludó Isabella abrazándola – Jasper estaba proyectando.
-Lo sé…! – Dijo Lis, avergonzada – Es que cuando empezamos nos cuesta parar, nuestra lujuria se retroalimenta!
-Oye Lis, una pregunta y no te enojes… - Le dijo Isabella sonriendo divertida - Así vas a ir vestida a la reunión?
Lis se miró haciendo inventario, se encogió de hombros y asintió.
Isabella lanzó una carcajada y la abrazó.
-Perfecto – Aprobó Charlotte.
Lis vestía unos shorts de mezclilla muy cortos, toscas botas de caña alta con punta de acero y suela gruesa marca Caterpillar, de las que sobresalían gruesos calcetines azules que le llegaban a las rodillas, una sencilla camiseta sin mangas de color blanco y una enorme camisa abierta a cuadros rojos y azules que por su tamaño claramente pertenecía a Jasper.
Tanto a Isabella como a Lis les gustaba usar la ropa de su hombre como escudo, era gracioso.
Pero lo mejor de la tenida de Lis por mucho era que sus shorts además de estar rotos y deslavados, tenían ciertas… Alteraciones.
Los bolsillos traseros habían sido reemplazados por pequeñas banderas confederadas, convirtiéndola en una especie de reina red-neck y la máxima fantasía sexual de Jasper. Con razón se la estaba pseudo-cogiendo en el capó de su auto…
-Te ves increíble – Le dijo Isabella.
-Alice va a ir de culo cuando te vea – Dijo Charlotte contrastando sus duras palabras con su delicada vestimenta, acercándose, y luciendo perfectamente pulcra en su clásico y sencillo atuendo compuesto de jeans ajustados, un femenino sweater a rayas rosa y blancas, bufanda rosa, ballerinas rosa y bolso color rosa pálido. Hermosa pero sin exponer su piel.
-De adónde sacaste esos shorts? – Preguntó Isabella a Lis.
-Los compré viejos y deshilachados en una tienda de segunda mano del “Ejército de Salvación” que queda junto al centro comercial, me costaron un dólar cincuenta, y entonces se me ocurrió la idea de arreglarlos, como una broma a Jasper, así es que compré un par de banderines confederados y los cosí los a los bolsillos traseros – Respondió Lis – No fue difícil.
-“Ejército de Salvación”? – Preguntó Char abriendo mucho los ojos y luego se largó a reír – Es perfecto! – Exclamó – Perfecto!
-Por qué tanto? Qué es perfecto? – Preguntó Lis intrigada.
-Es perfecto porque Alice no usa nada que no lleve la marca de un diseñador europeo prestigioso, y no hablo de cualquier diseñador. Debe ser una casa de moda importante – Aclaró Peter, disfrutando la situación.
-Y no creo que conozca el concepto de ropa de segunda mano – Agregó Char – Menos del “Ejército de Salvación”.
-Oh… Lo siento – Dijo Lis bajando la mirada y luego rápidamente volviéndose a Jasper, claramente complicada – Me debería cambiar? No quiero avergonzarte… Debiste decirme…
-No les hagas caso – Dijo Jasper frunciendo el ceño para todos en general – Te ves hermosa, esos son mis shorts favoritos y las botas que más te gustan a ti, verdad? – Ella asintió rodeando el torso de Jasper con sus brazos – Entonces que el resto se joda! – Declaró.
-Sí Lis, que se jodan! A nosotros nos gusta cómo te ves! – Dijo Peter.
-Te ves sexi – Dijo Isabella – Como Daisy Duke de los “Dukes de Hazzard” pero con un coeficiente intelectual de tres dígitos.
Lis miró a Char esperando su veredicto.
-A mí me gusta – Dijo Char – Te ves sexi y te ves como si te importara un carajo impresionar a la enana.
-Me importa un carajo impresionarla! – Afirmó Lis – Pero no quiero avergonzar a Jasper sin querer… Creo que tengo algún vestido por ahí… - Dijo mirando hacia la entrada del hotel.
-No hay nada que puedas hacer que me avergüence, Elise – Dijo Jasper – Te ves hermosa, eres perfecta.
-Seguro? – Insistió Lis – No me importaría…
-Lis, mírame a mí – Le dijo Isabella – Yo me veo como si aún estuviera usando pijama!
Y era verdad. Sus calzas parecían parte de un atuendo para lucir en una pijamada, no una reunión, pero no sería yo quien dijera nada.
-Si sabes que parece que te vienes recién levantando por qué lo hiciste? – Preguntó Lis – Si sabes que te van a juzgar por tu apariencia…
-Porque hay sólo una persona a la que quiero impresionar y es a Garrett – Le dijo Isabella sin soltar mi mano – Y a él no le importa qué ropa uso o la marca de mis prendas. Hoy necesito estar cómoda porque estoy súper nerviosa, y si me pusiera ropa más elegante estaría toda tiesa y aún más intranquila.
-Jazz, estás seguro de que no te importa que vaya vestida así? Es tu ex familia, tu ex mujer… Yo tengo tan pocas habilidades sociales que olvido esos detalles, pero tú debiste decir algo cuando me viste aparecer en esta facha… - Dijo Lis.
-Tú sabes perfectamente lo que sentí al verte – Le dijo Jasper mirándola serio, intensamente – Adoro tus shorts confederados, adoro tus botas  y adoro ese bolígrafo que traes atravesado en la cabeza!
-Mierda! Siempre lo olvido, es una costumbre humana, así los lápices no se me perdían… - Dijo Lis quitándose el bolígrafo que sostenía un moño desordenado.
-Déjatelo Elise, déjatelo como estaba! Esa eres tú y así te quiero! Si te quisiera peinada de otra forma te lo diría, o te habría regalado cintillos, trabas y elásticos, pero no lo he hecho porque no lo necesitas! No dejes que te asuste Alice con su ropa y su dinero. Lo cierto es que todo el dinero que ha gastado hasta ahora es mío, y de aquí en adelante será el de Carlisle, porque ella no le ha trabajado un día a nadie. Si tú quisieras podrías derrochar dinero de forma ilimitada, pero ni se te ha ocurrido hacerlo porque eres mucho más que lo que vistes. Eres una mujer increíble Elise, y si quieres cambiarte de ropa hazlo porque es lo que tú quieres, no lo que crees que nosotros o los Cullen y Denali esperan de ti – Le dijo Jasper acariciando su mejilla. Lis asintió y lo abrazó fuerte.
-Vamos – Dijo ella al cabo de unos segundos. Lo besó suavemente en los labios y volvió a levantar su cabello en un moño atravesado por el mentado bolígrafo.
oooOooo
Acudimos al punto de encuentro en “Larry” al ser el auto más espacioso. Isabella tenía razón, “Larry” era un monstruo y en él cabía de todo.
Una vez que bajamos del auto, que estacionamos a una cuadra de la plaza, Isabella y Charlotte se tomaron del brazo y conversaron en voz baja muertas de risa. Detrás de ellas Peter y yo observábamos nuestros alrededores en busca de amenazas, y en la retaguardia Jasper y Lis caminando abrazados y con las cabezas juntas, cruzando algunas palabras y un montón de miradas.
Al llegar a la plaza, como era de esperarse, los Cullen y Denali ya se encontraban ahí.
Isabella no los vio al principio, y siguió contando una larga historia a Charlotte, que actuaba como si nada pasara pero obviamente ya había visto a los otros clanes.
Finalmente cuando estábamos relativamente cerca, Me acerqué a Isabella y susurré en su oído.
-Están aquí.
-Dónde? – Miró rápidamente a su alrededor y finalmente los identificó, pasando la fuente tras unos árboles. Probablemente si yo no los hubiera olido tampoco los habría visto, porque estaban innaturalmente inmóviles como estatuas.
-Ahí – Señalé y aproveché para pararme a su lado y rodear su cintura. 
-Oh… - Dijo cuando se acercaron los clanes. Edward a la cabeza tenía la vista fija en ella, y no prestó atención a formalidades de ningún tipo. Corrió tan rápido como pudo sin acusar su condición supernatural y la envolvió en un abrazo aspirando profundamente.
-Bella…! – Suspiró.
Isabella tomó sus bíceps para separarse gentilmente de él, pero Edward pareció no darse cuenta.
No me gustó para nada, pero no me convenía actuar como el novio celoso. No aún.
Y en ese momento, antes de que yo o nadie más pudiera intervenir, se escuchó un claro gruñido, una amenaza… De parte de Lis.
Jasper la trató de contener abrazándola, pero él sabía que si usaba su don ella usaría el suyo, y las cosas se saldrían de control.
-Lis, Lis! – Dijo Peter llamando su atención, parándose frente a ella. Una maniobra peligrosa al tratar con un neófito, pero qué demonios! – Qué pasó?
-Suéltala! Que la suelte! – Rugió Lis debatiéndose, tratando de que la liberaran. Mal. Estábamos llamando la atención.
-Lis, calma – Dijo Jasper susurrando en su oído – Calma… Shhhhh… Todo está bien…
-No está bien! – Gritó frustrada – Que la suelte! Que la suelte!
-Edward suéltala – Le dije tratando de sonar sereno. Lo último que necesitábamos era a Lis destruyendo la plaza como si fuera Godzilla en Hong Kong.
Edward me miró confundido, reconociendo por primera vez a otras personas a su alrededor, y luego miró a Lis fijamente a los ojos.
-No es así, te equivocas… - Le dijo.
-Aléjalo Garrett, se la quiere comer! Está a punto de morderla! – Rogó Lis.
-Aléjate Edward, Lis es una neófita y no queremos que se descontrole en público – Dijo Peter con voz baja pero una amenaza en su tono.
-No la voy a morder! – Se defendió Edward – Jamás lo haría!
-Su sed es enorme – Dijo Lis sin prestarle atención – Y la sangre de Bella lo vuelve loco… Hasta a mí me dan ganas de comérmela cuando siento su sed!
-Sí, Bella es mi cantante… - Admitió Edward – Pero yo…
-Cómo puedes permitirte estar cerca de ella? – Preguntó Lis en tono de reproche.
-Mi autocontrol es enorme – Dijo Edward orgulloso.
-Te das cuenta de lo egoísta que es esa actitud? Del riesgo al que exponías a Bella cada momento que pasó junto a ti? – Lo acusó furiosa.
-No es para tanto, lo tengo bajo control – Repitió Edward.
-Tú lees la mente – Dijo Lis entrecerrando los ojos –Tu sabes que yo sentí tu sed. Extrañas la sangre humana en general pero te mueres por la de Bella. Si la amas cómo pudiste exponerla a eso?
-Y quién te crees que eres tú para venir a cuestionar a Edward? – Preguntó Alice acercándose hasta posicionarse junto a Edward, con las manos en las caderas y una actitud cabreada, mirando a Lis de pies a cabeza como quien mira un chicle que se le pegó en la suela de sus Ferragamo de color negro y dorado.
-Soy Elise, la prima de Bella y Pareja de Jasper – Dijo Lis imitando el gesto hostil de Alice. Ella sentía el desprecio de la enana, no había lugar a interpretación. Por supuesto, Lis era más alta y su atuendo sugería que estaba lista para patear traseros, en cambio Alice en su vestidito Carolina Herrera y tacones  se veía como si tuviera trece años y jugara con la ropa de su madre – Y basándome en los sentimientos de rabia y celos que emanas, asumo que eres Alice. Te diría que es un gusto, pero la verdad, no lo es – Dijo Lis interponiendo su cuerpo entre Edward e Isabella.
Yo sabía que Edward no atacaría a Isabella a pesar de su sed, pero me gustó ver a Elise protegiendo a mi mujer. En caso de ser necesario Lis sería una excelente guardaespaldas.
-Es una broma, verdad? – Chilló Alice a Jasper, genuinamente sorprendida – Esto es tu Pareja? Por esto me cambiaste? Estás loco? Mírala! Parece una salvaje! Donde la conseguiste? En un estacionamiento de casas rodantes? Una convención red-neck?
-Alice! No hables así de mi prima! – Dijo Isabella, sorprendida. Ella no había visto la cara menos amable de su “amiga”.
-Tu prima? Por supuesto, tu prima! – Dijo Alice levantando los brazos al aire – La mala semilla se lleva en la sangre!
-Hey! – Exclamó Isabella – Yo qué te hice?
-No me hagas comenzar a detallar todo lo que le hiciste a esta familia, Isabella… - Dijo Alice, venenosa.
-No me hagas patearte el trasero, niña-gremlin – Le dijo Lis muy en serio – Mis botas tienen punta de acero.
Jasper sonrió y Peter lanzó una carcajada, francamente divertido con la situación. Claro, como su Pareja no estaba involucrada, podía disfrutar del show.
-Edward! Me está amenazando! – Dijo Alice aferrándose al brazo de su “hermano”. Puaj!
-Y habla en serio, Alice – Dijo Edward suavemente – Mejor que le hagas caso y retrocedas, no está blufeando.
-Edward! – Chilló Alice. Las cosas no le estaban resultando como quería.
En el intertanto Isabella aprovechó de acercarse a mí. La rodeé con mi brazo izquierdo y besé su cabello.
-Esa enana es tu ex? – Susurró Lis a Jazz – De verdad? No había un cesto de serpientes cascabel o un balde de escorpiones que te pudieras llevar a la cama? Jasper, esa mujer es veneno puro! – Dijo genuinamente sorprendida.
-Bueno… Sí, ahora lo sé… - Murmuró Jasper.
-Si no tuvieras tu don lo entendería, pero cómo pudiste ignorar que más encima está enamorada de Edward? – Insistió.
-Nunca quise sobre analizar sus sentimientos, me pareció una falta de respeto, y ella siempre dijo que quería a Edward como a un hermano! Cómo iba a imaginar que eran esa clase de hermanos? – Preguntó Jasper, claramente incómodo.
-Te metiste con Alice? - Preguntó Isabella dirigiéndose a Edward – Eeeeew! – Dijo antes de que él contestara.
-Por supuesto que no Bella! Tú sabes que te he amado sólo a ti – Exclamó Edward.
-Qué montón de mierda! – Exclamó Tanya levantando las manos y dejándolas caer.
-Lo sé, verdad? – Dijo Kate lo suficientemente alto como para que hasta Isabella escuchara – Pero al menos yo aún tengo posibilidades, no hay forma de que esa humana sea capaz de satisfacer a un hombre experimentado como Garrett.
Isabella se tensó en mis brazos y  dirigió una mirada de odio puro hacia Kate. Era tan intensa que por un momento deseé que se manifestara un don  vampírico e hiciera que la cabeza de Kate estallara por los aires.
Por supuesto, nada pasó. Isabella siguió lanzando puñales con sus ojos y las Denali simplemente sonrieron satisfechas.
-Y tú, Peter? Cómo has estado? Has pensado en mí desde la última vez que nos vimos? – Preguntó Tanya en un ronroneo. A ella todos los buses le servían, y tenía una debilidad particular por Peter y su cordial indiferencia a sus encantos.
-Bien… No… - Dijo Peter medio atorado. Estando frente a Char no supo cómo reaccionar.
-Así veo – Dijo Tanya – Estaba pensando en las cosas que podríamos hacer para conocernos mejor…
Char mantuvo su rostro totalmente en blanco y mientras Peter balbuceaba como un idiota, ella se quitó su bufanda y el delicado sweater blanco y rosa que llevaba. Se los entregó a Isabella junto con su bolso y dio un paso adelante y cruzó sus brazos, sin decir ni expresar nada.
Quedó usando sólo un sostén deportivo negro con borde rosa marca Adidas, jeans a la cadera y sus ballerinas. Se veía hermosa e imponente a pesar de ser solo un poco más alta que Alice.
Pero lo que le daba poder era su actitud desafiante y las heridas de guerra que la respaldaban. Esas que gritaban que había participado en cientos de batallas contra soldados curtidos y las había sobrevivido.
Charlotte siempre trató de disimular sus cicatrices, sabiendo que en una mujer eran aún más terroríficas, porque las mujeres de la raza no son tan fuertes físicamente como los hombres, razón por la cual rara vez eran convertidas para  participar en batalla, sino como premio para los soldados sobresalientes. Eran esclavas sexuales.
Char escapó ese destino de prostitución gracias a Jasper, pero cayó en algo igualmente horrible. Debió aprender a defenderse para sobrevivir y lo hizo. Cada día que resistió fue un triunfo contra la ley de probabilidades, y cuando conoció a Peter todo cambió.
Peter era su premio. Su milagro, y ella el de él.
Peter y Charlotte eran una Pareja bien consolidada, con décadas y décadas de historia, y a pesar de que su amor fuera menos efusivo y evidente en público, ellos funcionaban como unidad. Una máquina perfectamente engrasada.
Nadie se interpondría entre ellos.
Por lo que no me extrañó la silenciosa declaración de Char. Exponer sus cicatrices le era doloroso porque exponía un pasado horrible e imposible de borrar. Pero también era un abierto desafío. Peter era suyo y lucharía con cualquiera o todas a la vez.
Y por supuesto que ganaría.
-Agh! Cúbrete de una vez! – Dijo Rosalie, la primera en reaccionar – No sé cómo expones tu deformidad tan tranquilamente!
Peter se tensó. Primero porque odiaba a Rosalie y cualquier cosa lo haría querer golpearla.
Y segundo porque de entre Jasper, Pete y yo, Char era la menos dañada, pero la que más sufría ante el irreversible daño que dejó en su piel su tiempo en el campamento de María.
Pete posó una mano en la cintura de Char acariciando una profunda mordedura que marcaba su costado, y la empujó detrás de él.
Luego la rodeó y no dijo nada, simplemente se agachó y se preparó para atacar…
Pero en ese momento Isabella se me escapó de los brazos, ya que no estaba prestando atención, dejándome con la ropa y el bolso de Char y se cruzó por la ruta de Peter, una movida extremadamente peligrosa.
Me adelanté para atraparla, pero Jasper tomó mi brazo.
-Déjala – Moduló negando con la cabeza.
-No sé qué clase de perras irrespetuosas y sin corazón son ustedes – Le dijo Isabella a Tanya, Kate y Rosalie levantando la barbilla para encontrar sus miradas – Pero deberían sentirte honradas de conocer a alguien como Charlotte que es la amiga más leal que alguien pueda tener, una mujer dulce y valiente y un jodido buen soldado. Cada cicatriz no es una marca de su vergüenza, sino de su orgullo de haber sobrevivido al infierno. Ustedes obviamente no han sobrevivido a nada más serio que las enfermedades venéreas que de cualquier modo no se pueden contagiar como vampiros… Retrocedan, perras, o les juro que mi primer proyecto como neófita va a ser arrancar sus cabezas e insertárselas al azar en sus traseros.
Gruñidos. Tanya, Kate, Rosalie y Alice le estaban gruñendo a Isabella, que estaba justo frente a ellas, totalmente desprotegida.
Bueno, desprotegida no.
Jasper, Lis, Peter y yo gruñimos de vuelta moviéndonos en abanico tras ella. Lo hicimos con la promesa subterránea de desatar una guerra ante la menor amenaza a la integridad de Isabella.
Y Edward también gruñó. Contra su clan.
-Edward, Alice, Rosalie, ya basta! – Dijo Carlisle poniendo orden entre los miembros de su clan – Aquí nadie va a pelear con nadie, mucho menos frente a los transeúntes. Este sector del parque es aislado, pero no nos asegura total discreción. Peter, en qué quedamos ayer? – Preguntó molesto.
Uno podrá decir lo que quiera de Carlisle, pero de que es respetado, es respetado. Por todos.
-En que Irina se unió a Victoria y María. Hemos conseguido la promesa de ayuda por parte de varios clanes… - Comenzó a recitar Peter.
Mientras, Edward se volvió a acercar a Isabella.
-No sabes lo que he sufrido pensando que habías muerto, que habíamos llegado demasiado tarde… - Susurró en su oído sin molestarse en esconder su manipulación.    
Isabella bajó la cabeza unos momentos, mortificada. Seguía sintiendo vergüenza por lo ocurrido. Seguía sintiéndose responsable de cuidar de los sentimientos de Edward.
-Lo siento… - Murmuró – Pero James me golpeó y rompió mi pierna y aunque quería no podía escapar de Garrett, Peter y Charlotte… - Explicó. Qué mierda? Entonces ahora que lo había visto se quería quedar con Cullen? Era eso? - Yo quería llamarte pero no me dejaron…
-Lo sabía! – Dijo Edward triunfal – Lo sabía, me amas, tal como yo te amo a ti – Dijo tomando la mano de Isabella. Debí reprimirme y enfocarme en lo que decía el resto del grupo, no podía interrumpir esta conversación. Isabella no me lo perdonaría, sin importar el resultado.
-Así fue al principio – Dijo Isabella -Todos me trataron bien, Garrett se esforzó un montón y yo me negaba a aceptarlo. Me aferraba a la idea de ti. A la idea de nuestro amor… Pero llegó un punto en que no pude seguir luchando contra lo que sentía – Dijo levantando la vista hacia Edward. Desde mi ángulo no pude ver su rostro pero olí sus lágrimas.
-Eso se llama “Síndrome de Estocolmo”… - Dijo Edward, aferrándose con uñas y dientes a la idea de que Isabella lo amaba – Es muy común…
-No Edward, eso se llama amor. No lo reconocí al principio porque quería amarte a ti… Pero aprendí a reconocer la diferencia. Amo a Garrett, Edward – Dijo limpiando su rostro con el dorso de su mano.
-No, no… Estás confundida por estar tanto tiempo raptada… Cuando seas libre… - Balbuceó Edward.
-Soy libre! Incluso voy al colegio, tengo amigos… No se trata de una imposición Edward, créeme, amo a Garrett, tanto que estar separados es físicamente doloroso. Tanto que siento que me muero si él no está…
-Bella…
-Lo amo…
-Bella…  Y si te estuvieran manipulando? – Preguntó Edward.
-Tú crees que Jasper y Emmett habrían permitido una cosa así? Soy su hermana pequeña, ellos cuidan de mí… - Afirmó Isabella.
-Bella no hagas esto – Insistió Edward.
-Lamento hacerte sufrir, pero no puedo evitarlo… Ni siquiera te puedo decir que desearía que las cosas fueran distintas, porque soy feliz con Garr – Susurró Isabella.
-Y qué hay de mí? – Preguntó Edward luciendo desorientado.
-Trata de ser feliz… - Dijo Isabella tomando sus dos manos entre las suyas – Trata y a lo mejor hasta encuentras a tu Pareja…
-Tú eres m… - Dijo. Me lo esperaba, pero me sentí furioso de todas formas. Es que no la estaba escuchando?
-No! – Interrumpió Isabella – No lo soy! O lo habrías sabido de inmediato, a primera vista! Pero tu atracción no fue instantánea, verdad? Al principio sólo podías pensar en nuevas formas de matarme…
Ok, eso era nuevo…
-Bella, por favor…
-Amo a Garrett - Dijo ella por última vez – Y espero sinceramente que encuentres a alguien a quien amar… Y que ojalá esa persona no sea Alice o Tanya. Son tóxicas y te comerían vivo.
-Alice nunca…
-Yo también creía eso, pero piénsalo… Tal vez no es tan dulce como parece… Mira, no me corresponde darte consejos románticos, pero lo voy a hacer de todas formas. Busca a alguien que te merezca, no alguien que simplemente tengas a mano. Yo en su momento me enamoré de todas y cada una de tus maravillosas cualidades y si no hubiera encontrado a Garrett estoy segura de que aún estaríamos juntos. No te resignes, no ames a medias… - Dijo Isabella con la voz ronca. Estaba llorando.
-Estás segura de que quieres pasar tu vida con ese b… - Preguntó él.
Error. Nadie me insulta frente a mi Pareja.
-No te atrevas, Edward Cullen! – Dijo ella empujándolo y murmurando entre dientes. Por supuesto el empujón la impulsó a ella hacia atrás. Directo a mis brazos – No en mi presencia.
La rodeé desde atrás y besé su húmeda mejilla.
-Lista? – Pregunté.
Ella asintió.
Nos vamos – Dije a nadie en particular – Peter y Jasper nos pondrán al día.
Con eso les dimos la espalda a todos y partimos. Por fin sentí que Isabella era verdaderamente mía, sin fantasmas del pasado. Cullen era tema superado y ahora sólo quedaba mirar hacia adelante.

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